Empecemos por el principio. La discografía en solitario de Donald Fagen nunca me ha enganchado como la de Steely Dan. Ni siquiera la de los Dan post “Gaucho” me ha enganchado –aunque les diesen un grammy en 2001 por “Two Against Nature”– como los de los Dan de los setenta, cuando me enseñaron que había muchos mares interconectados dentro del gran océano del rock. Que se podía uno aproximar al funk y al jazz desde una perspectiva blanca cool y al mismo tiempo cálida. Que precisión y vitalidad no eran conceptos enemigos. Que Los Angeles, Nueva York o MiamiBiscayne Bay, where the cuban gentlemen sleep all day– no eran epicentros musicales antagónicos. La inteligencia musical por encima de la víscera de los tres acordes básicos. Mientras en la escuela pública mandaban The Clash, en las universidades privadas predominaban Steely Dan. Quizás caí de este lado porque iba a un colegio de pago. O porque era chico. Palabras de Fagen en Uncut que hacen reflexionar: éramos una banda para chicos, tal vez porque lo que transmitíamos es chicos sin chicas; o chicos buscando chicas; o chicos hablando sin chicas cerca. Dicen que los chicos prefieren la música de Steely Dan, y que las chicas la de Donald Fagen.

Treinta y cinco años después las cosas sin embargo se perciben distintas. Mientras el resto del mundo ha recorrido un largo camino, poco ha cambiado en la estructura musical de Fagen. Sigue a su bola. Ni electrónica ni hip hop existen en su diccionario. Y, de alguna manera, la mezcla de empatía y añoranza se apodera de sus seguidores maduros cuando escuchamos “Sunken Condos” (Reprise 2012). El terciopelo, lo sedoso de los arreglos, lo milimétrico de la escultura rítmica, la nostalgia de aquellos días en que “Doctor Wu” se alternaba con “Silk Degrees” de Boz Scaggs; el reino del funk suave de piano eléctrico. La guitarra escurridiza de “Planet D´Rhonda” es un diez, pero no lo son menos otras piezas energéticas –“I´m Not The Same Without You”, la versión de “Out Of The Ghetto” de Isaac Hayes– o de elasticidad relajante –“Slinky Thing”, “Miss Marlene”– típicas de su firma.

Así que, como dice el refrán, no news good news: con la elegancia no se negocia.