La culpa, siempre la culpa. Lo que valoramos solo cuando lo perdemos. Jerry DeCicca piensa que debe expiar la suya dedicando un álbum entero a Noel Sayre, violinista compañero en The Black Swans muerto en un accidente anómalo. Desde la portada de “Occasion For Song” (Misra 2012), con la fotografía de la piscina donde se accidentó, hasta la de la tumba en el reverso, todo gira en torno a la necesidad de llegar a las entrañas de la fatalidad. Encajar el golpe, lamentar la pérdida, y por delante el largo camino hacia la aceptación.

Varias canciones del álbum –“Basket Of Light”, “Daily Affirmation”– tienen un registro de melancolía similar –quizás por ciertos giros de la voz- a la de Robert Forster. Las cenefas de guitarra, ensanchando con pespuntes de teclados el vacío auspiciado por los textos, desembocan en una desazón digna de merecer podio al ladito mismo de lo más turbador de Lambchop. La fragilidad susurrada de “Bound To Be” sobrecoge, y más teniendo en cuenta que es la antesala de la canción de mayor calado: recuerdos acumulados de la adolescencia compartida en “Portsmouth, Ohio”, con una resignación aparente que no es tal, sino el reflejo de la mayor putada de la vida, que es la muerte.

Si la americana siempre ha sido proclive a la tragedia emocional, cuando se manipula con la nocturnidad de The Black Swans –piénsese también en los Cowboy Junkies de “The Trinity Sessions” y en ese plus que solo la desgracia en sí ya apuntala, como The Antlers en “Hospice”-, sus efectos son mucho más dañinos.

Sin palabras.