Uno es como es y la edad puede mermar su vitalidad, pero no cambiarle. Bob Dylan continúa soltando mamporros furiosos a sus setenta años aunque la pegada tenga menos contundencia. Y, como buen sabueso que sabe capear la sarna de la edad, sigue con un olfato excelente a la hora de oler una buena rima en el horizonte.

Así, bastantes cosas sorprenden al abordar “Tempest” (Sony 2012). La primera es su rabia irrenunciable, más viva que nunca. “Pay In Blood” mezcla lenguaje antipolítico con resquemor agnóstico. Rabia que deriva en violencia en “Tin Angel”, desglosando un doble homicidio pasional con suicidio posterior. Rabia que se relame imaginando con pelos y señales el horror durante el hundimiento del Titanic, en una narración apoteósica que mezcla ficción –menciona también el film- con realidad durante catorce minutos para llegar a la moraleja entre tanto dolor: no somos nada. La guinda de su coqueteo con el tema de la muerte la pone en el final del álbum un homenaje a John Lennon, insertando en el texto no solo alusiones, frases y títulos del beatle, sino reflexiones de cosecha propia –I pray the lord my soul to keep/ in the forests of the night/ cover `em over and let him sleep– que interiorizan su propio futuro.

Lo que sin embargo más me asombra a estas alturas es lo bien que sigue engarzando cada verso. Seguirle estrofa a estrofa supone un placer para cualquier escritor de todo tipo de texto, pues posee además unas virtudes narrativas que convierten cada canción en una novela con vida propia: podría Bob dedicarle un verso a cada una de las 1512 personas fallecidas en el naufragio de “Tempest”, y seguir cautivando. Su poder de juglar es capaz de poner a uno tanto en la piel del marido engañado de “Tin Angel” como en la del amante apuñalado por ella tras verle matar a su esposo. O, sacudido por el dardo certero de su pluma –it´s soon after midnight/ and I don´t want nobody but you-, en la del desgastado trasnochador de “Soon After Midnight”. O –I wear dark glasses to cover my eyes/ they have secrets in them that I can´t disguise– en la del de “Long Wasted Years”. Puede explayarse en clave semicountry o blues“Tempest” respira definitivamente blues en su más amplia acepción-, siempre esgrimiendo la gallardía de la tradición libertina. Y de las cosas bien hechas. Chapeâu.