Aterrizar en España hoy proveniente de otro continente –casi de cualquier otro continente- produce una de las sensaciones más deprimentes que pueda un ser humano experimentar. Cruzas el centro de la ciudad mal dormido mientras contemplas la calle gris tras la ventanilla del taxi. Más de la mitad de los locales de muchas zonas céntricas tienen la persiana bajada y el letrero de alquiler, traspaso o venta colgado. Las personas deambulan más que andan en el marco navideño más desangelado desde los tiempos de la guerra civil.

Vengo de Asia, de oriente, donde el dinamismo social se siente a cada paso de una autopista repleta de oportunidades, con crecimientos astronómicos que desde aquí seguimos mirando por encima de nuestro hombro, como perdonándoles la vida: pobrecillos, el sistema les explota, e incluso rezamos para que dentro de treinta años alcancen la calidad de vida que tenemos nosotros. Cuando sin embargo empiezas a conocer gente corriente, que ha comprado un coche de gama alta europeo aunque pague el 300% de impuestos con que les sancionan allá, cuando tu amigo chino te dice que un apartamento en el centro de cualquier ciudad de provincias china supera los 2000€/m2, cuando la primera pregunta al contratar a un español aquí se ciñe a su salario (¿cuánto voy a cobrar?) mientras un emigrante pregunta las tareas a desempeñar antes de hablar de sueldo, cuando el político viene a esquilmar en busca de dinero en vez de procurar ayudar a crear trabajo, entonces te das cuenta que la alternativa más sensata es la que se plantean las voces jóvenes valientes: huir, buscarse la vida lo más lejos posible de aquí.

En un viaje al depauperado México de hace un cuarto de siglo, escuché: el país se hunde porque el PRI está castigando a la clase media. Solo quedarán mil ricos y cien millones de pobres. Aquí ocurrirá pronto lo mismo. Los países más cigarras hemos gastado lo que no era nuestro, dejando en manos de la hormiga Alemania nuestro destino (curioso, Merkel conseguirá a través de los bancos lo que Hitler no consiguió con los tanques). Ya ni siquiera le quedan a Europa colonias a las que saquear. Mientras, esa nueva clase media que despega en tromba por toda Asia creará una demanda que salvará a las fábricas chinas de estar a merced occidental. Entonces subirán precios, subirán salarios y nosotros, empobrecidos, deberemos acatar la lógica del mercado debido al encarecimiento de las importaciones: sí, se volverá a crear empleo aquí, fábricas, pero con su dinero. Trabajaremos para ellos, incluso la Merkel. Y, desde la óptica del españolito indefenso, tanto del vago del tópico como del trabajador que cumple, yo solo veo una solución para enderezar esto a largo plazo: sanciones penales para los políticos –pérdida de cargo, cárcel, incluso pena de muerte para Zapatero, Rajoy y Mas– que mientan. Pero ellos no van a promulgar una ley así, de modo que habrá que ponerse en marcha. ¿Cuántas firmas hacen falta? ¿A qué tribunal universal hay que recurrir? Con internet todo es posible.

Feliz año nuevo (chino). Con ídem final, a ser posible.

 

PD: Respecto a lo del final feliz, dos opciones. La de Rajoy, diciendo que empezará la recuperación a partir del segundo semestre del 2013, o la del puticlub al lado de casa. Valorando calidad/precio y fiabilidad, es muy fácil decidir.