No he escuchado toda la discografía de Ty Segall, seguramente debido a un malentendido. Me explico. Una vez, viendo a Sic Alps en un Primavera Sound junto a Ferrán Llauradó, alguien me comentó que Ty estaba relacionado con ellos. En otra ocasión leí que se manejaba en un espacio sonoro similar al de Jay Reatard, música de características ace(le)radas poco afín a mis gustos. Hasta que un día, espoleado por los elogios de “Goodbye Bread” (2011), me hice con él y descubrí la enorme cantidad de verdades y mentiras entremezcladas en el universo de las comparaciones que nos solemos montar los críticos musicales a nuestra medida.

Los decibelios vomitados por Ty no se sucedían a piñón fijo. Muy al contrario, él seleccionaba los momentos idóneos para soltar la tralla por entre un telar de acústicas amateur de regusto psicodélico. Muy alejado de Reatard y de maestros de combinar lo acústico y lo bestia como J. Mascis. O sea, casi Beatles 67 con bajo presupuesto. Después adquirí un artefacto llamado “Singles 2007-2010” para constatar que, incluso en su etapa más troglodita –temas cortos, demos-, por mucha grasa de garaje embadurnando la superficie, aprovechaba al máximo las limitaciones en aras de la diversidad.

El año 2012 ha sido el de su eclosión, aunque sea solo por lo prolífico: nada menos que tres álbumes. “Twins” (Drag City 2012), el último,, aporta una docena más de píldoras vitamínicas por si hubiese quedado algún fan sin saciar. Como siempre, extrae de la olla una pócima conseguida con los referentes habituales. Creció con el grunge, descubrió el rock pesado seventies y el garaje, decidiendo sintetizarlo todo en tres acordes. Tres putos acordes –sin complejos: todo el pasado sirve- que pueden interactuar según convenga; con mayor o menor electricidad, estampida o psicodelia. Incluso recibe ayudas de amistades como Brigid Lawson de Thee Oh Sees“The Hill”-, Tim Presley de White Fence –grupo hermanado con Ty– y otras alimañas del sello Woodsist. A mí no me seduce en su totalidad, pero sí en sus momentos más groovies –esa percusión de entrada de “Who Are You”– cuando hace concesiones pop poniéndoles un brío de lustre sexy.