Frente  a la creencia generalizada, quizás debido a su sobreexposición –aún actual: desde las radiofórmulas a los bares de mochileros del trópico machacándolo junto a Bob Marley-, de que el álbum “Hotel California” de Eagles está sobrevalorado, y frente a la también generalizada opinión en el mundo indie de que Eagles fue un grupo vulgar –no hay más que ver la poca cancha que se les da comparada con la que recibe, seguramente porque el malditismo vende más, su vecino Gram Parsons-, siempre siempre siempre me he rebelado. Suerte que Frank Ocean me ha echado un cable.

Personalmente el álbum supone un puñado de cosas demasiado embarullado para desenredar aquí en público: el paso del adolescente al adulto tiene su banda sonora a juego, y en este sentido el disco es como un hermano que ha sufrido el mismo proceso que tú. Del trazo de brocha gruesa de los pintores del rock de aquellos días a la finura estilística musical media un solo disco de éxito. Y si le añades un perfume suave conocido –el hispano- que te acerca aún más a él, es fácil que la memoria lo retenga como el momento cumbre de una discografía hasta entonces siempre cotizando al alza. Cualquier seguidor de la banda sabe que el siguiente, “The Long Run”,desde su portada negra, escenificaba la degradación de la perfección.

La primera vez que escuché “New Kid In Town” fue en un frío enero de 1977 londinense, y curiosamente al instante me sacudió una calidez por dentro que expulsó de mi cuerpo toda la humedad del Támesis que no acabó de expulsar aquellos días el concierto de Ry Cooder con Flaco Jiménez. Desde la primera frase, tan descriptiva –empieza como un libro: there´s talk in the street it sounds so familiar– con las cuerdas vocales aterciopeladas de Glenn Frey mimando cada sílaba sobre el fondo de piano eléctrico del gran Joe Walsh, aquella canción pretendía ser distinta, e incluso la llegada de un supuesto estribillo se hacía rogar de tal manera que lo que prevalece como tal son los juegos vocales –maravillosos, pluscuamperfectos con la segunda voz de Don Henley– enfatizando frases so don´t let them down o, ya más adelante, it´s those restless hearts that never mend, o will she still love you when you´re not around. Con un deje de dulce fatalismo chicano entre sílabas que dinamitaba sin piedad todas las fronteras erigidas por el hombre entre la alta y la baja California. Y con un solo cortito de guitarra que marca el rumbo de la pieza, que forma parte de ella, que ni es superfluo ni se puede cambiar por otro en un concierto. Son éstas y solo éstas las notas que deben sonar.

De modo que las enciclopedias pueden decir lo que gusten. Que Ry Cooder tocó lo mejicano antes en “Chicken Skin Music”. Que los malabarismos vocales de los Beach Boys son los mejores. Y que el solo de guitarra más implicado en la estructura de un tema es el de “All Right Now” de Free. Yo sin embargo me quedo con el listón de “New Kid In Town”. Aún hoy, cuando la escucho en alguna emisora de radio trasnochada, pienso que es una de las canciones mejor construidas de todos los tiempos.