“Into The Diamond Sun” (Stealing Sheep). En Gran Bretaña también apuestan por vestir formas ancestrales con trajes de diseño del nuevo milenio. Desde Liverpool, estas féminas no tienen problema en volcarse sobre el cancionero de folk tradicional en un tema, para pasar al de grupo de chicas traviesas en el siguiente –“Genevieve”-, o para aceptar de buen grado la electrónica suave –más folk que Tunng– aplicando euforia de Animal Collective“Shut Eye”– con guitarras tipo 4AD. ¿Como Kristin Hersh de excursión por el bosque inglés? ¿Como tUnE-yArDs sin el minimalismo hip hop? ¿Como Fiona Apple sin el resentimiento? ¿Como boy scouts sin estribillos ramplones? Pues sí. Algo así.

 

“Come Back To Mama” (Martha Wainwright). Nunca ha sido fácil ejercer a la vez de hermana de Rufus Wainwright, de hija de Loudon Wainwright y de una de las hermanas Mc Garrigle. Intrincado panorama familiar si de pugnar por demostrar talento con personalidad propia se trata. De modo que todas las excentricidades cantautoriles de la Wainwright tenían ese deje de aspirante a geniecillo sin posibilidades de librarse de la alcurnia. El destino sin embargo ha querido que su maternidad prematura haya coincidido con el fallecimiento de su madre: madurar a garrotazos. Dejando aparte el sorprendente beat de “I Wanna Make An Arrest”, el resto del álbum circula con talante reflexivo –perfectas “Everything Wrong” y “Four Black Sheep”-, con apuntes de deja vu –el principio de “Radio Star” suena a “Jealous Guy” de John Lennon, tal vez porque Martha ha grabado en el estudio de su hijo Sean– e infinidad de frases contundentes –la sentencia final de “Can You Believe It?” a modo de ejemplo, real como la vida misma: I love you baby but I don´t know why– fruto de un estado de ánimo especialmente sensible. Ahora ya no le molesta la herencia de Kate & Anna McGarrigle, ni tampoco ejecutar de vez en cuando las florituras vocales de Kate Bush.

 

“Charmer” (Aimee Mann). Érase una vez –hace tres décadas- un grupo llamado `Til Tuesday que tuvo un hit. Aimee Mann, animada por admiradores de entonces como Elvis Costello, emprendió una carrera en solitario que veinte años después –tiene un disco del año 2000 con un dodo en la portada similar al logo de la discográfica Moonpalace- la ha traído hasta “Charmer”. Álbum en apariencia normalito, como normalitos suelen sonar en apariencia los de Joe Henry o los de James Mercer, colaboradores suyos que marcan estilo. El pop “normalito”, con base de piano, viene excelsamente ejecutado sin pretensiones. Aimee ya no vende melena rubia crepada, ni puede pasar por cantautora sufrida o cowgirl country. Es tan “normalita” como lo son los dos nombres antes citados, además de otros muchos músicos de sesión  –Jay Bellerose, David Boucher– de campanillas. La elegancia de los remaches –la sobriedad frente a la extravagancia- se ha de saborear como si de un gourmet de los auriculares se tratase.

 

“Sugaring Season” (Beth Orton). Cuando tuve el placer de entrevistar a Beth Orton en 1999, estaba (ella) en pleno tránsito: de la modernidad –compadreo electrónico para maquillar su folk– a la madurez de toda cantautora cuyo listón tiene el tope en Joni Mitchell. Desde entonces han sucedido bastantes cosas que han desembocado en un silencio larguísimo –fruto de la maternidad en 2006- ahora por fin roto. La Beth confusa, que quería sentar cabeza e intentaba cambiar la noche por el día, ahora es una artista pugnando responsablemente por un retorno digno. Se conforma con una buena rentrée y un hueco entre tanta competencia, pero hay algo aún en ella –desde la misma foto de la portada- que me sigue atrapando irremisiblemente: es distinta a las cantautoras norteamericanas, por mucha producción –Tucker Martine, relaciónese con My Morning Jacket y Laura Veirs– transatlántica. Un punto de sentimiento y sensualidad británico que no se ha perdido en estos trece años, y que no creo vaya a perderse en los trece siguientes. A sus pies, señora.