“Come Of Age” (The Vaccines). Por fuera parece igual de bueno que el primero. Si acaso, el continuismo le resta algunos puntos. Una vez asimilado sin embargo se aprecia una mayor calidad en las prestaciones técnicas –produce Ethan Johns– frente a un menor impacto global de las composiciones. Sí, están cortadas por el mismo patrón, se corean con la misma efusividad –“Teenage Icon”-, evocan igualmente tiempos pretéritos de rock & roll, y conforman cuarenta minutos de irreprochable diversión. Pero de algún modo –aquí hay divergencia de opiniones: muchas apuntan en la dirección contraria- yo me quedo con las de “What Did You Expect From The Vaccines?”. Por atavismo, o porque creo que son mejores: aún no sé si le he dado las escuchas que tal vez necesitan las nuevas para atrapar. ¿La prueba? El CD en directo “Live In Brighton” adosado, todo un regalo envenenado que deja al descubierto –gancho de la versión de “Why Should I Love You?” de R. Stevie Moore aparte- las miserias y las virtudes de unas y de otras.

 

“Beacon” (Two Door Cinema Club). Un caso similar al de The Vaccines, pero no igual. “Tourist History” estaba, con idéntico brillo juvenil, marcado más por el pop que por el rock & roll. Sin haber conseguido un sonido personal de madre reconocible –para acentuar la energía en ciertos tramos utilizaban patrones de ska, aunque reniegan del estilo-, se intuía algo en construcción que vibraba con desparpajo, tan contagioso como para convencer a los encargados de programación de actos de los juegos olímpicos londinenses para incluir la voz de Alex Trimble en la nómina. Lamentablemente en “Beacon”, aún contando con piezas que les enriquecerán los directos –“Handshake”, “Someday”, “Sleep Alone”-, han optado por un sonido más profesional y asentado, reblandecido, política y melódicamente correcto –opción loable, que conste: tienen tres semibaladas intachables- pero indistinguible respecto a otras bandas –por ejemplo Bombay Bicycle Club– que ya arrancaron en esta clave y están mejor posicionadas para perfeccionarla. No es extraño pues que alaben a quienes sí han conseguido lo que falta aquí (Alt-J). Y, al igual que The Vaccines también, la inclusión de un CD en directo como acompañamiento –“Live At Brixton Academy”– solo contribuye a descubrir las costuras. Next time.

 

“Enjoy It While It Lasts” (Spector). La popularidad de Spector cuestiona el problema de una escena británica raquítica. Todos se ciñen a un patrón similar para sobrevivir. Actitud de rock con estribillos pop, vestigios de rock & roll y brit pop sobre los que se aplican teclados con varios registros: un abanico tan extenso en miembros como escaso en variantes. Spector aportan himnos pop para disfrutar en pubs y macrofestivales de verano, con ese aire de ídolos rompedores que parece que se van a comer el mundo tan típico de Gran Bretaña. Alimento para vísceras y epidermis –títulos como “Friday Night, Don´t Ever Let It End”– aunque falto de proteínas para el intelecto, con un punto sintetizado facilón de fondo –menos que unos The Cars acelerados- para conformar el marco hedonista. Lo más relevante es el título del álbum, aludiendo a la música tal como la entendíamos hasta hace una década al final de “Upset Boulevard” con un discurso: warning warning, this is a musical emergency/ piracy is a crime/ home taping is killing music/ keep it legal. Me llama la atención escuchar un mensaje así incrustado en una canción, aunque peque de obsoleto: deberían al menos haber sustituido home taping por downloading.

 

“This Many Boyfriends” (This Many Boyfriends). Los seres humanos tenemos maneras distintas de divertirnos, así como distintos niveles de sentido del humor. Por ello solemos juntarnos con otros seres afines, o sea que comparten nuestra perspectiva en este tipo de asuntos. Así que deberé cuidar mi modo de expresar la música de este grupo de Leeds. Si digo que los títulos de las canciones son muy gafapastas, listillos, y que además odio los que llevan paréntesis, saldré malparado: “Tina Weymouth”, “I Don´t Like You (´Cos You Don´t Like The Pastels)”, “(I Should Be A) Communist”. Lo puedo arreglar medianamente si comento que en determinados momentos –como en la tercera o en “You Don´t Need To Worry”– asoma un perfume liviano a lo The Smiths. Que al arrancar parecen apostar por la patente de vocalización de The Magnetic Fields. Que les gustan ritmos de urgencia punk, pero siempre con pulcritud indie pija. Y que algún pespunte de guitarra –“Number One”– les acerca –sin igualarlos- a Vampire Weekend. ¿Aconsejable o no, en resumen? Pues eso, depende de lo benigno del día.