“Circles” (Moon Duo). Entre Secret Machines, Crocodiles y otros grupos que parecen haber tomado lecciones de rock alemán en el garaje de Peter Kember, seguramente el mejor de la cosecha de 2012 –ahora pienso en TOY– es este proyecto paralelo de Ripley Johnson de Wooden Shjips. Apuestan por ritmos marcados y nítidos, vibrantes,  a veces embelesados por una guitarra juguetona –“Circles”, “I Been Gone”– sin intención de enredar: solos que apuntan a una estratosfera con pocos meteoritos –alguno se ha de sortear al final de “I Been Gone”-, incluso con palmas animosas –“Free Action”– elevando las vibraciones hipnóticas. Y tiene además una hoja de ruta de medios tiempos psicodélicos –“Sparks”, “Dance pt.3”– que define claramente el tipo de viaje.

 

“TOY” (TOY). Cuando un músico lo intenta con un estilo determinado, no despunta y después vuelve a intentarlo con algo distinto, se le suele escrutar casi con lupa. Tres miembros de los londinenses TOY provienen de Joe Lean & The Jing Jang Jong, y ahora se dedican a recuperar un sonido  de herencia germánica con derivaciones varias –psicodelia no excesivamente combativa, incluso pop– dependiendo del momento. Entre The Horrors y los The Verve de “Bitter Sweet Symphony” cabe un mundo pero, por muy solventes que resulten algunas piezas como “The Reasons Why”, “Dead & Gone”, los nueve minutos de martillo vibrante de de “Kopter” o –la mejor- “Heart Skips A Beat”, la escasa elasticidad natural abordando un género similar al de los californianos Moon Duo les deja en evidencia.

 

“Ultraíasta” (Ultraísta). Durante bastantes años me he estado preguntando el porcentaje de aportación de cada miembro de Radiohead y de su productor al sonido de “Kid A”. El tiempo se ha encargado de ir despejando la ecuación, aunque sigo sin poder cuantificarla en números exactos. Todas las producciones de Nigel Godrich gozan de una tonalidad muy especial en los agudos –y en la falta de ellos- comparada con los graves. Si a todo esto se le añade la comodidad de la voz de Thom Yorke deambulando entre ellos, queda justificada la ilusión de ambos en el proyecto Atoms For Peace junto a, entre otros, el excelente percusionista Joey Waronker (batería de R.E.M cuando Bill Berry se marcha, productor de Other Lives e hijo del no menos importante productor Lenny Waronker, capitoste de Warner).

Paradójicamente sin embargo Nigel y Joey se han adelantado a Atoms For Peace poniendo en circulación el álbum de Ultraísta, alternativa junto a una vocalista femenina. Son las mismas secuencias de siempre –vuelvo a “Kid A”– descontextualizadas rumbo a horizontes menos trascendentes y opresivos, como buscándole a la precisión de esta amalgama de raíz math rock su vertiente pop. Como si en un futuro utópico los tecnócratas escarbasen en el medioevo actual buscando comprender a los alquimistas del pop. Casi divirtiéndose.

 

“Children Of Desire” (Merchandise). Aquí parece que se cuece algo nuevo con ingredientes clásicos. No hay que dejarse llevar por la capa ruidosa que se antepone al tuétano. La bronca, no tan descomunal como aparente, esconde momentos de fragilidad como la casi balada de piano “Satellite”, o el condimento pop de “Time”. No obstante, si se les ha de adjetivar en función de los minutos totales del disco, “Become What You Are” condensa la esencia: de un paso firme pero compasivo se pasa en el séptimo minuto a un engranaje donde un órgano tipo The Doors te guía por entre el caos psicodélico. Por otra parte, un freno a la lava que baja imparable en “In Nightmare Room” acaba siendo la inesperada entonación vocal a lo Morrissey. Y a la postre todo cuadra –primero expansión, después reducción, sin el nivel de altibajos de Godspeed You! Black Emperor– en el décimo minuto de “Roser Park” con su final litúrgico.