“ `Allelujah! Don´t Bend! Ascend!” (Godspeed You! Black Emperor). Ya casi los había olvidado, y eso que en su momento me sedujeron, así como uno de sus tentáculos (A Silver Mt. Zion). Han pasado los años, diez, han mutado los gustos, y el caos estirado –primer tema de 20 minutos-  cuesta de digerir si ahora en tus preferencias impera lo conciso: ya en su día yo cuestionaba cómo se podía renegar del rock sinfónico y abrazar una de sus consecuencias (post-rock no tan sinfónico). Sin embargo “Mladic”, una vez asumida la cuestión de la paciencia, muestra tramos muy interesantes –la apoteosis balcánico/eslava a mitad del corte- con resquicios de luz entre la piedra dura. Otro tema de casi idéntico minutaje deja a los dos restantes de 6 minutos en simples pellizquitos ante la inmensidad de la mordedura reinante. Si se presta atención, aflora la recompensa. Sinfonías industriales en busca de aire, donde la piedad se mide con cuentagotas.

 

“Mature Themes” (Ariel Pink´s Haunted Graffiti). Para alguien que escuchase a Ariel Pink hace diez años con el freakismo casero de “House Arrest” y no lo volviese a hacer hasta hoy, jamás insinuaría –al igual que sucede con el nuevo álbum de sus compinches Animal Collective– que se trata del mismo artista. Del experimentalismo con cerebro devastado por la química de un Zappa menos talentoso, esculpiendo trombos antediluvianos –o post, según- de digestión cruda, hemos pasado a un artista que casi colaría en el mercado pop. Casi. Porque puede que “Kinski Assassin” encaje en el pentagrama de John Maus, “Only In My Dreams” en el de Beach Boys, y la versión de “Baby” en cualquier recopilatorio de soul. Pero sigue intercalando bocanadas de locura camufladas en la trama de maldito recuperable –“Early Birds Of Babylon”, “Schnitzel Boogie”– y, sobre todo, sigue con la lengua tan enguarrada como siempre.

 

“Centipede Hz” (Animal Collective). Formar parte del público que asistió al concierto de Animal Collective en el Primavera Sound de 2008 fue como un acto de comunión. Estábamos escuchando algo trascendental. Si durante años el Colectivo fue un huevo encubándose en clave folk de hippies con adicción a los hongos, el polluelo salió del cascarón sano y de cara a la vida en “Person Pitch” de Panda Bear. Creció durante un par de álbumes y aquella noche, propulsado por un reactor en sus alas, el pájaro anunció que estaba preparado para dejar el nido y emprender el vuelo. “Centipede Hz” no obstante nos plantea un problema. Por más que lo escucho, no consigo olvidar la vertiente melosa Beach Boys a cambio de la estridencia ácida. ¿Alguien recuerda lo que ocurrió cuando Todd Rundgren en 1974, tras tres obras maestras –culminadas con “Todd”-, se enfangó en la aventura de Utopia? Tan veloz, quebradizo y abigarrado que costaba encontrarle sentido. Más tecnología, más masa bruta y más emanaciones inconexas. El pájaro echó a volar, pero yo me siento mal porque ya no lo veo.

 

“Love This Giant” (David Byrne & St. Vincent). No he seguido de cerca el repertorio estilístico tan variado de David Byrne en solitario ni sus proyectos compartidos, pero sí seguí con entusiasmo la carrera de Talking Heads, así como la consagración de St. Vincent, de modo que mi ánimo expectante por la colaboración ha sido inversamente proporcional a mis satisfacción después de escucharla. Es interesante y audaz, pero ya desde la portada, con las desfiguraciones faciales, me parece un producto con más pretensiones artísticas que resultados emocionantes. La idea es todo lo brillante que se quiera, dejando el protagonismo absoluto a los vientos para que incluso se dediquen a emular a otros instrumentos (eso ya lo hacían grupos de doo-wop cuando probaban a capella en otra época, mucho antes de surgir el hip hop). Sigo sin embargo incapaz de poder apuntar una ristra de temas –aparte de “Optimist”– que produzcan un interés más allá de lo analítico.