En un lejano Rockdelux (abril 2005) insinuaba escuchando “Where The Humans Eat” que, dentro de un formato más urbano, Willy Mason podía madurar hasta convertirse en el Woody Guthrie o Bob Dylan de su quinta. Me equivoqué, como casi siempre que los humanos –además de comer demasiado- nos dejamos llevar por el entusiasmo inicial.

Tras ocho años y un segundo álbum de por medio, vuelve Mason para recordar que la promesa no por incumplida ha de considerarse caducada. Dos datos contradictorios aunque reveladores en “Carry On” (Fiction 2012): tranquiliza saber que sigue a la percusión su hermano, quien le respaldó en el debut con apenas 16 años; y preocupa la presencia de un productor como Dan Carey, cuyo currículo –Yeasayer, Kylie Minogue, Hot Chip, TOY, Chairlift, Bat For Lashes– induce a dudar acerca de su prestancia con cantautores de actitud ancestral cercana al rock a favor de lo rítmico de tendencias de última generación. Falsa alarma: Carey pone lo justo para que la sobriedad de los arreglos no aplaste –como tampoco se aplasta con The National– el instinto austero de las composiciones. Incluso en la pieza que da título al álbum quedan los dos solos –Carey al mellotron- en un ejercicio de responsabilidad acústica ejemplar. En el resto impera el decorado de doble percusión –la orgánica y la programada-, unas veces más sutil que otras, sobre el que la guitarra dibuja letanías para allanar el camino a la irrupción vocal. Imagínese si John Martyn, en un momento de debilidad, se aviniese a colaborar con Chris Isaak. Blues ferroviario entre la tracción de carbón y la alta velocidad a cargo de un llanero solitario amante de los placeres provincianos, disfrutando cuando desconecta su Galaxy S II plus.