“Album Primum”, por el momento única colección de canciones de Matthew Fanuelle con el nombre de Nunzio Fattini, vio la luz en 2009 –exclusivamente a través de Itunes- pero no empezó a dar que hablar hasta dos años después. Es el precio que hubo que pagar por elegir –no precisamente por gusto, sospecho- la autoedición. Aunque con silencioso carácter retroactivo, esperemos que este álbum corra al menos una suerte similar a la de “Fanuelle”, el solitario precedente –de 2005 y reeditado por el sello sueco Emotion en 2012- de cuando el susodicho firmaba con su verdadero apellido. Al menos esa primera referencia puede disfrutar desde hace poco de una cobertura mediática -merecida- sensiblemente superior.

Si “Fanuelle” se acercaba a otros episodios de pop de altillo como “Rebellion” de Harvey Williams o los Go-Kart Mozart más tiernos (es decir, el clasicismo de uno sumado a la chifladura de los otros), lo de Nunzio Fattini abogaba por subir algún peldaño más en sofisticación. Eso sí, desde la más implacable baja fidelidad. Sin intermediarios ni tapujos: de disco duro a disco duro. Sólo así se explica que tanto la descarga gratuita como la compra oficial incluyan la ¿humorada? de traer cortadas varias de sus piezas. ¿Quién dijo que el tan cacareado ‘do it youself’ implicara preocuparse por guardar las formas más elementales?

Sonido de saxos, teclados que pretenden ser ora reverberantes ora expansivos y una voz con su punto irritante: son canciones como “Cousin” o “Dereliction”, que parecen salidas de una hipotética colaboración entre R. Stevie Moore y el último Daniel Bejar;  evidentemente a años luz de la suntuosidad panorámica de “Kaputt”, pero compartiendo con éste la recuperación del pop más elegante old school. Y si en la citada “Dereliction” se incluye, además, un (travieso) interludio de pop así como tropical, a mi al menos no me duelen prendas en reconocer que es el tipo de detalle que, casi siempre, termina por (con)vencerme. Algo parecido le ocurre a ese “Telescope” con cadencia de bossa nova que, llegado el momento, parece esbozado para un Bryan Ferry en pijama y con algo de resaca.

“Mule” tira de egregio anacronismo y se perfila como rutilante negativo del “I’m Your Man” (la canción) de Cohen, “The Crystal” le acerca tanto a Stephin Merritt como a Momus, y “Brox Honda” (entre otras) recuerda a buenos malabaristas del corta pop por aquí y pega psicodelia por allá como fueron en su día The Chrysanthemums. “Student”, por su parte, reinterpreta el pop con telarañas de Paul Roland.

Grácil y con gotas de sana ironía, no debe distanciarnos de “Album Primum” su inexistente producción -con irrenunciable vocación de demo– o su hasta cierto punto destartalada planificación. Matthew Fanuelle merece bastante más reconocimiento del que hasta ahora le dispensa una avanzadilla bloguera de irreductibles. Los mimbres están ahí: heterodoxia, buen olfato pop y agudeza enciclopédica. Uno de los discos “perdidos” del penúltimo lustro, sin duda.