Unas semanas atrás, mi comunidad de vecinos aprobó pintar la fachada del edificio. Resumiendo, el mayor inconveniente supuso cerrar todas las persianas exteriores durante dos semanas laborables. La luz no entraba, y lo que era un piso soleado se convirtió en una especie de cueva donde la noche se perpetuaba; como en las películas apocalípticas post nucleares. Oscuridad, escondrijo, solo faltaba un poco de imaginación con la crisis en mente –escasez de alimentos, insalubridad, ratas- para montar un guión de Hollywood.

Lo que más me impresionó durante este periodo fue el deterioro de las plantas del comedor. Abría las persianas cuando los trabajadores se iban al anochecer, pero no frenaba su devenir mustio. Y mientras esto sucedía, yo mitigaba el bajón de mi estado anímico contemplando el azul intenso del cielo de la portada de “Mokragora” (Foehn 2013), segundo largo de Oso Leone, con el contraste de la estructura de una edificación compuesta por elementos naturales en medio del bosque: las canciones, casi todas con títulos que se escuchan en cualquier tienda naturista. Si rebuscamos, tal vez encontremos puntos comunes entre la música que suena y “Ficus”, árbol cuya fruta es de una sensualidad explícita. “Salvia”, polivalente en su función ornamental y medicinal. “Monstera”, también terapéutica y muy selvática. “Clivia”, otra planta de flores hermafroditas. “Crisantemo”, herbácea y asiática, con una flor voluptuosa y colorida. O la capacidad de adaptación de “Sanseviera”, espigada y dura, en medios hostiles.

Aunque Oso Leone no se ceben en el discurso conceptual –título de álbum conocido por excursionistas y amantes de Emir Kusturica, edición complementada con el libro “Belle-Ile”– escuchando el disco –que empieza donde dejaron el anterior en la cadena entre Fleet Foxes y David Crosby-, se percibe la intencionalidad de llegar un poco más allá en busca de conciliar la naturaleza con la vida urbana moderna. Esta vez no se explayan tanto en el folk pero insisten en dejar claro que sin oxígeno no sobreviviremos. Ni en las lindes balcánicas ni en el Mediterráneo mallorquín.