Si algo constató “Smoke “Ring For My Halo” hace un par de años es que la música de Kurt Vile ya quedaba definitivamente acotada entre unos parámetros concisos, dividida en dos variantes: la flotante, cada vez más profusa, y la de pulso rítmico teutón cotizando a la baja. De hecho pocas incursiones de “Wakin On A Pretty Daze” (Matador 2013) recurren al kraut y, la única que lo hace sin remilgos –“Was All Talk”-, rebaja el hincapié rítmico con capas acústicas entrando y saliendo.

En cambio Vile se esmera en su baza fuerte. Lo envolvente, lo que fluye en forma de mantras sobre arpegios. Cada vez se muestra más partidario de los desarrollos largos, de ocho o nueve minutos –“Goldtone” termina el álbum con diez minutos-, arrancando con parsimonia -aunque sin la dejadez instrumental propia de de géneros como el jazz, que lo suelen hacer casi “por casualidad”- para ir añadiendo detalles sutiles, pequeños matices incorporados a medida que el tema rueda en pos del resplandor. Sin desbarres ni alteraciones brutas del sonido -además de casi todos los Violators de antaño y el productor John Agnello, colabora Stella Mozgawa de Warpaint-, como buscando aquella belleza narcótica emanante de la nebulosa sixties: días de primavera eterna en los rincones de la bahía, placenteros y aturdidos. Incorporar el término daze en el título es un detalle elocuente más de la atmósfera perseguida y conseguida.