Uno normalmente se autoimpone cautela al escuchar un álbum por primera vez. Tanto si le gusta en exceso como cuando lo paladea insulso. Esta ocasión sin embargo merece saltarse las normas y dejarse llevar por todos los adjetivos que le vienen a la cabeza.

Porque me atrevo a afirmar que Sam Beam no solo ha publicado su mejor trabajo desde “Our Endless Numbered Days”, ni tan siquiera su mejor trabajo a secas o el mejor álbum del año. Estoy convencido que “Ghost On Ghost” (4AD 2013) será tratado históricamente en el futuro como un clásico, del mismo modo benigno que un “Harvest” de Neil Young, un “Moondance” de Van Morrison o un “Nixon” de Lambchop -curiosamente aquí también ayuda Paul Niehaus-, y solo un eslabón por debajo de obras de sensibilidad extrema como “Grace” de Jeff Buckley o “Blood On The Tracks” de Bob Dylan. Se palpa nada más entrar los vientos -geniales en toda la grabación- jugueteando con la confidencialidad de su voz dulce en “Caught In The Briars”, para ya colocar en segundo lugar una de esas maravillas del pop de toda la vida –“The Desert Babbler”, en la onda del M.Ward retro- siguiéndola con un alegato titulado explícitamente “Joy”. Tres canciones que dejan boquiabierto y que a la vez crean preguntas a su paso. El disco es indudablemente el reverso de una misma moneda cuya otra cara era “Our Endless Numbered Days”. Teníamos la tristeza de aquél y ahora la alegría de éste, ambas tibias, maceradas, supurando ese intimismo que te vence, mordiendo las fibras vulnerables. ¿Por qué entonces ha tardado tantos álbumes -sé que se enfadarán quienes tienen en su altar privado a “The Shepherd´s Dog” y “Kiss Each Other Clean”– en llegar a la perfección? ¿Cuál ha sido el motivo que le ha empujado a encontrar semejantes melodías -cada una de las de aquí presentes es mejor que cualquiera de los citados- o juntarlas en una misma grabación? ¿Ha sido gracias a los consejos de algunos de los excelentes músicos participantes -reitero lo de Niehaus, dadas las similitudes con Lambchop– o es que simplemente Sam se ha vuelto a enamorar de la vida?

Podría regodearme describiendo lo mucho que me gustan las doce canciones; los arreglos, la delicadeza con que se manejan y se superponen los géneros -el soul, el jazz, el country– que en ningún momento ponen en peligro la ambientación (derrítanse con “New Mexico´s No Breeze”). Pensaba que no volvería a hablar de Iron And Wine en estos términos, y me alegro muchísimo. Antes a Sam Beam se lo comían sus fantasmas. Ahora se enfrenta a ellos de igual a igual. ¡Qué batalla tan justamente ganada!