El primer álbum de Still Corners se dejaba querer más por las posibilidades de su sonido dentro de un ambiente sosegado -las alusiones a Stereolab o a Ennio Morriconne sugerían un margen de riesgo y también de indefinición- que por la magnitud de los resultados. Todo quedaba por decidir en futuras grabaciones.

Pues bien, “Strange Pleasures” (Sub Pop 2013) lo ha hecho con una mezcla de valentía y conservadurismo digna de aplauso. Han dejado a un lado las felicitaciones y los elogios de cierta prensa de tendencias que quizás vio en ellos más de lo que en verdad había, y han tirado por el camino pragmático: el fácil. El que se centra en sacar el mayor rendimiento a sus aptitudes. El que pasa de experimentos y apunta directamente al corazón del dream pop. Amparándose en el tono vocal de dormitorio de Tessa Murray y restregando el trapo hasta sacarle el brillo máximo a los acordes de guitarra a la caza de melodías solventes, consiguen mantener el nivel de plasticidad. Ambiente ensoñador, no siempre con el azúcar como recurso fácil -hay algo de Felt en ciertos tramos-, aprovechando la vigencia del synth pop sin ahogar el sonido bajo capas de teclados.

Solo un pequeño pero. Hablamos de plasticidad y de buena resolución: la finura de “The Trip”, “All I Know” y “Beatcity” es intachable. Permanece no obstante, al escuchar el disco de una tirada, la sensación de haberse zampado una música plana -el inicio de “Berlin Lovers” y “Future Age” desentumece- que necesita algo más -no solo de la acústica de “Going Back To Strange”– ausente aquí. Y es que las formas no pueden eclipsar el fondo, porque se corre el riesgo de pensar que éste no existe.