Por fin ha llegado el momento. Cuando un grupo ha ido puliendo su identidad álbum tras álbum, engrandeciéndose dentro del mismo cascarón a punto de reventarlo sin poder asegurar que no morirá durante la eclosión. ¿Cuántos álbumes hacen falta para que The National se ganen el cielo inmortal?

Tiene “Trouble Will Find Me” (4AD 2013) un algo inmediatamente palpable que lo distingue de los anteriores. Los versos de “Don´t Swallow The Cap” y “Heavenfaced” son farfullados más que cantados, preñados de una emoción cercana al abismo, solitaria, pero a la vez arreglados para que ésta nos salve de rodar cuesta abajo: un conglomerado instrumental suntuoso cercano al mainstream sabiamente pasando de puntillas. Tranquilos, no los voy a comparar con Coldplay -lo que para mí no sería un demérito- aunque sí al mismo tipo de cromatismo que utilizaron éstos de ciertos tics de U2. Con estribillos condescendientes que apuñalan por la espalda –Jenny I´m seeing double/ can´t get these thoughts out of me/ Jenny I am in trouble, cantan en “This Is The Last Time”– y pianos que entran sabiendo que van a destrozar –“Pink Rabbits”– el corazón.

Y aquí radica la grandeza de este álbum. Todo lo que The National esbozaron ahora se suelta de pronto a través de un fluido natural, sin altos ni bajos ni fuegos artificiales. Les sale del alma como el aire que respiran. Con una tristeza –don´t have a sunny side to face this, gran frase de “Graceless”– que, aunque inherente a toda su obra, brota renovada e incluso más penetrante. La única comparación que se me sigue ocurriendo es con R.E.M, que durante diez años maceraron un estilo y una reputación a la que les faltaba una coz de madurez. The National han girado sobre sí mismos, se han mirado a los ojos, y han publicado su “Automatic For The People”.