Que grupos como Queens Of The Stone Age o Foo Fighters hayan sido ninguneados por un amplio sector del mercado español -mientras en los países anglosajones siempre han sido cabezas de cartel- merece una reflexión más allá de la mera reseña de uno de sus álbumes. Seguramente se debe a que su tipo de rock, atrapado en una marea de personalidades contradictorias y sin gozar de características identificativas instantáneas -ni puristas ni de tendencias-, se quedaba en una tierra de nadie mediática.

Todo el revoloteo que se ha creado en torno a “…Like Clockwork” (Matador 2013) tiene su razón de ser más allá de las colaboraciones ilustres como las de Elton John,  Mark Lanegan o James Lavelle. Hasta ahora el grupo de Josh Homme se movía en un entramado donde a las guitarras les costaba disociarse de la sección rítmica. Personalmente las percibía como una pugna ruidosa pero sin momentos históricos. Pero al igual que The Red Hot Chilli Peppers, a la que han dado con cierta clave melódica que no obstruye el talante eléctrico y, sobretodo, a la que han conseguido meter tres canciones buenas y una muy buena -cero que las virtudes de “If I Had A Tail” son indiscutibles- en un mismo lote, éste gana globalmente más que la suma de sus partes.

Respecto a las comparaciones con David Bowie, tienen su explicación aunque más periféricas de lo que pueda insinuar por ejemplo la ilustración de Homme a lo “Hunky Dory” en Mojo. Este ritmo seco de percusión y bajo, junto al incremento de teatralidad vocal, evoca a ciertos tramos previos a “Low”, así como a otros menos reputados de Tin Machine. No es relevante, o al menos no lo es tanto como haber conseguido una obra con mayor personalidad y solidez, cuyo brillo además resalta por la falta de competidores en el sector. Un paso similar, en clave distinta, al de “El Camino”.