Hay que rendirse ante lo evidente: Pet Shop Boys estaban concebidos por y para los 80. Pero, al igual que hemos de asumir esta premisa, también debemos valorar tanto el legado del pasado como los esfuerzos de unos artistas para envejecer aportando lo que resta de su talento. Que no es poco.

En su gira de hits actualizados de hace tres años pudimos constatar que, cuando has sido capaz de componer un manojo de clásicos de semejante envergadura, solo hace falta una ligera revisión de los arreglos para que vuelvan a sonar a rabioso presente: el mérito es de las composiciones y, obvio, de sus autores. Y si éstos son avispados, les basta poner la oreja a lo que sucede a su alrededor, apropiarse de lo esencial y aplicarlo a su fórmula de siempre. Desde 1984 han sucedido muchísimas cosas que han hecho mutar el pop de masas -la más destacable a día de hoy: la inserción de un cóctel formado por electrónica, hip hop y soul– capaces de convertir en un santiamén a una locomotora en vagón de cola. Pet Shop Boys lo saben; por ello utilizan todas las armas a su disposición para no desengancharse.

De hecho “Electric” (Kobalt 2013) es, teniendo en cuenta que Tennant y Lowe siempre se han servido del universo de las tendencias, todo un logro para unos viejunos cuyos desbarres excéntricos ocasionales son una parte más de eso inglés tan entrañable que es madurar con sentido del humor. Los utilizan y se lo consentimos. Nos reímos conscientes de lo poco que tienen que cortar en el pastel del pop adolescente actual, aunque sigan creyéndose capaces de marcar estilo (y diseño). Pero cuando aportan pruebas como las canciones del nuevo álbum, tan radiantes y conseguidas, e insisten en seguir sacando de la chistera melodías como “Love Is A Bourgeois Construct” o en revisar versiones llevadas a su terreno con astucia –“The Last To Die” de Bruce Springsteen-, el signo de exclamación pasa a ser de admiración. Además, aconsejados por un tipo listo como Stuart Price -el de Les Rythmes Digitales-, bregado en lidiar con las estrellas más extravagantes.

Así que un respeto para los maestros capaces de demostrar que, si de verdad quieren, aún pueden.