Cada verano surge un disco, en parte porque el mercado así lo demanda, que domina las noches calurosas de diseño. Cuando se luce músculo o escote bronceado, copa en mano, en los selectos clubs de la costa. No se trata de un público demasiado exigente en cuanto a tendencias, pero sí lo suficientemente adulto para huir del chumba-chumba de las discotecas, todas de calaña similar, enfocadas a los adolescentes ansiosos de bailar una y otra vez los éxitos estivales.

En este segmento “Settle” (PMR 2013), el primer álbum de Disclosure, es un triunfo total, sobre todo teniendo en cuenta la juventud de sus componentes, dos hermanos de las afueras de Londres que han sabido capturar mediante un manojo de canciones todas las corrientes musicales que mueven la noche, adaptándolas a un denominador común pop, sin dar un minuto de respiro. Ameno, vibrante y elegante, discurre desde un sofá de tejidos sintéticos que no tienen vergüenza en mostrar la etiqueta de origen -el house– con todas su ramificaciones posteriores. Electro, dubstep, U.K garage y falsetes retro tipo Prince -o Sylvester, como en “Stimulation”– conviven sabiéndose partícipes de un producto apto para todos los públicos, y arropados por nombres pujantes –AlunaGeorge en la conocida saltarina “White Noise”, Sam Smith en “Latch”– o ya más contrastados como Ed Macfarlane (Friendly Fires), Jessie Ware o Jamie Woon. Tal vez su secreto radica en estar elaborado por músicos que han sabido aplicar principios ajenos al género -ninguno de los dos se educó en el entorno electrónico o en el ambiente de clubs- sin complejo alguno.

Un non stop dancing de cabeza a pies sin una sola brecha tediosa.