Una vez vacante el trono de la música popular caboverdiana que, sin una pizca de ánimo redentor, defendía hasta anteayer -merecidamente, dicho sea de paso- Cesaria Évora, ya van siendo algunos los que, algo apresurados, creen conveniente ir buscándole a la diva de los pies descalzos un relevo en aquel lado del trópico.

Si mis estimaciones no van desencaminadas, dicha consideración debería recaer en la actualidad –aun a riesgo de jugar a sustituir lo insustituible- en otras damas del morna como Titina o Celina Pereira, con trayectorias a cuestas lo suficientemente largas y apegadas a la más rabiosa tradición como para (tratar de) ocupar el hueco de la más añorada. Sin embargo, la rueda de la fortuna del modesto marketing de determinada world music ha querido ver en una debutante de nombre Neuza (no confundir con otra vocalista actual del mismo nombre especializada en kizomba, un género infinitamente más mainstream) una presa fácil para colgarle el cartel de “la nueva Cesaria”, de gran responsabilidad tanto para aquella como para cualquiera que ose optar a dicho nombramiento.

En realidad, la intérprete de “Flor di bila” (Lusafrica, 2013) pertenece más bien a la “nueva ola” de figuras femeninas procedentes de aquellas islas como Mayra Andrade o Nancy Vieira, que combinan con inusitado poderío y franca consistencia géneros tan secretamente concatenados como la coladeira –“Djar fogo”, “Travessando”-, el fado negro o morna “Ilha de Encanto”, “Flor di bila”-, el funaná“Cuidado Na Vo Vida”- la escuela sambista“Ze di Nha Mina”– o el folk-pop transnacional –“Fabolo di Mi Cu Maria”-que busca presencia y pide paso internacionalmente más allá del ámbito lusófono. Las herramientas líricas, como suele ser norma en casos como el suyo, giran en torno a la nostalgia, el trabajo, la potencia medioambiental (la orografía de su isla natal es toda en sí un volcán) o el culto sobrenatural (muy apegado sin embargo a ese amenazador terruño) dentro de un marcado costumbrismo bastante lejos de ser impostado. Pero esos textos pivotan principalmente sobre las ganas de vivir y sobre el admirable orgullo de pertenecer a unos territorios castigados históricamente con la pobreza, la indefensión y la enfrentada sombra de la emigración más bestial y acuciante. Música encendida más allá de coartadas especulativas y acomodaticias. Lo dicho: admirable.