El nuevo de Smith Westerns es de esos discos que apetece reseñar. En primer lugar porque me parece mejor que el anterior -una afirmación quizás polémica que da pie a argumentarla-, y después porque ha ido en la dirección opuesta de lo previsible: si lo normal es revestir las canciones con arreglos más sofisticados -al igual que los seres humanos procuramos con la edad tapar nuestro declive con una indumentaria más cara-, aquí han optado por la línea recta. La que deja al descubierto, en toda su espléndida desnudez, el talento pop que llevan dentro.

Porque “Soft Will” (PIAS 2013) tiene un promedio altísimo de canciones perdurables. Atrás quedan las guitarras glam afiladas y algunos detalles recargados de falsa lisergia de “Dye It Blonde”, sustituidas por una fórmula más parecida a la del pop-rock escocés de Superstar, con la conducción de la melodía a cargo de la guitarra solista mientras camina hacia el estribillo. A muchos quizás les ocurra al revés que con el anterior, pues esta vez el interés va de menos a más -me sobra el titubeo del instrumental “XXIII”– para despegar definitivamente a partir de la quinta pieza -la dulce ricura de la subida de “Fool Proof”– hacia territorio beatle. Si “White Oath” se acerca a George Harrison, “Best Friend” mira hacia el espejo vocal de John Lennon. Y además luce el remate final de “Varsity”, capturando el estado de felicidad que deja un caramelo cuando está a punto de disolverse definitivamente. Esplendor en las postrimerías del verano. Un lujo.