Con “Ekstasis”, lo primero que escuché de Julia Holter gracias a la amplia difusión en forma de elogios, me sucedió lo que a menudo en estos casos. El disco te deja boquiabierto por su afán experimental -puedes oler en cada nota la ilusión del que busca algo preciado- pero al mismo tiempo no es de ésos que necesitas escuchar una vez tras otra embargado por la emoción. Sí en cambio deseas hacerlo para sumergirte en su universo explorador, para viajar juntos de esta forma tan fascinante mezclando electrónica, femineidad, music hall, vocoders, sinfonismo y sofisticación; que sabe interpretar y adaptarse según el entorno mutante que ella misma ha creado. No era la primera vez que sentía tal sensación; creo que la primera fue con “Big Science” de Laurie Anderson. Alucinas con muchos tramos pero solo se adhieren unos pocos.

Todo esto se ha corregido con creces en “Loud City Song” (Domino 2013). Cuando el autor percibe que puede llegar más fácilmente sin perder su carácter aventurero, ha ganado la partida. Porque solo se trata de hacer encajar en los momentos adecuados los cientos de ideas que le rondan, como en un puzzle o en un laberinto donde la gloria llega con la última pieza o al atisbar la meta. A Julia le faltaba una pizca de instinto pop como amalgama de su grandeza (por nombres con coincidencia fonética, citaría a Julee Cruise, y también por el concepto afín a David Lynch: a veces lo magnético reside en un medio capaz de no sentir la necesidad de justificar un fin).

Buceando entre los incontables paisajes que sugiere el álbum y que nunca duran lo que exige una canción pop al uso, nos topamos con cachitos de orgía aural continuamente. Arranques de jazz como Rickie Lee Jones con coros a lo The Manhattan Transfer mutan con la misma gracia que una St. Vincent si hubiese apretado más a David Byrne para que, en su álbum juntos, los vientos atrapasen mejor la parte cálida de su vertiente brasileña.: así me llega la brisa de “This Is A True Hart” que sopla desde el Sena hasta Ipanema. O la fascinación que ejerce “Maxim´s I” cuando se libera de las cadenas complejas; o el desfile de ángeles marcial en “Horns Surrounding Me”. Subyace una concesión terrenal en “Maxim´s II” que enseguida retoma altura en “He´s Running Through My Eyes” rumbo a lo celestial. Porque, que nadie lo dude, “Loud City Song” tal vez se sitúe en otros parámetros o coordenadas a ratos, pero funciona como un ascensor que nos traslada de la realidad a la fantasía sin necesidad de pasar revisiones, abrocharse cinturones ni pulsar botones. Y siempre, a cada escucha, subiendo. ¿Dream pop? ¿Oneiric pop? Ríanse de la estupidez de las etiquetas mientras lo disfrutan.