Muchísimos discos pasan sin pena ni gloria; algunos, por deméritos propios, y otros debido a la saturación de un mercado que presta atención única y exclusivamente a quienes se avienen a seguirle el juego. Eres Dios si tu álbum se reseña en todas las publicaciones; eres vanguardista si solo se reseña en The Wire, y eres un retrógrado si solo apareces en Q.

No he visto a Denison Witmer en muchos papeles o sites. O al menos no tanto como una carrera de diez álbumes merecería. Seguramente porque es un tipo normal de Pennsylvania, cantautor, amigo de sus amigos y poco dado a inventar noticias o a invertir tiempo en autopromocionarse. O tal vez porque no cuenta con argumentos musicales sólidos para destacar. Un cantautor, buenas canciones, algunos contactos nada desdeñables -la amistad con Sufjan Stevens, The Innocence Mission, Rosie Thomas– y poco más. Su folk-pop intimista tiene más jugo que James Taylor y menos que Don McLean o, por poner ejemplos a día de hoy reconocibles, que Elliott Smith, Nick Drake o Damien Jurado.

Flota sin embargo en “Denison Witmer” (Asthmatic Kitty 2013) un regusto de sabiduría que solo poseen los artistas con experiencia. Lo que has aprendido durante una singladura de quince años:ambientar el álbum dándole el empaque apropiado, crear un tono de cohesión que refleje lo que los textos pretenden comunicar. Y, como lo que nos quiere decir es triste -a muy pocos se les da bien el proceso de envejecer alegremente-, por mucho que busque cosillas positivas dentro del gran cubo de mierda negativo del tema, el poso es agridulce. Todo se entiende mejor si has cruzado la barrera de edad nefasta -ésa que tú mismo te autoimpones-, cuando empiezas a pensar más en el pasado que en el futuro. Disco sin pretensiones. Para unos neutro. Para otros letal. A elegir. Keep moving brother, keep moving sister.