Supergrupo de gregarios canadienses que se juntan bajo el paraguas color rosa palo que luce la portada del disco de DIANA, conocido como “Perpetual Surrender” (Jagjaguwar 2013).

La idea nació con Kieran Adams y Joseph Shabason, este último habiendo meritado en “Kaputt”. Pasaban por allí Paul Mathew de The Hidden Cameras y Carmen Elle, conectada con Austra, dando con una fórmula que busca combinar el synth pop tipo Washed Out con la elegancia supina del álbum de Destroyer. El resultado ha quedado en un camino aparentemente intermedio que, quizás sin querer, ha abierto una brecha nueva de posibilidades bajo la coproducción de Roger Leavens (también lo fue de The Rural Alberta Advantage). Un solo de guitarra con clase -de la clase que supura el álbum de Dan Bejar– se cuela en “Foreign Installation”. El saxo de Shabason se pasea fresco y engalanado -casi Steely Dan– en la sedosa “Perpetual Surrender”. “That Feeling” posee ese toque sintético pop femenino tan agradable que patentaron Saint Etienne. “Strange Attraction” durante unos instantes -al empezar- parece Depeche Mode. Y “Born Again” es el punto de partida, la golosina que los puso en boca de los buenos paladares el año pasado.

Las dos últimas piezas, aunque descolocan en principio por ser más arriesgadas al no ceder a las pulsaciones rítmicas de rigor, cobran pleno sentido si se escucha el álbum entero. Intimismo electrónico en “New House”, y el epílogo de teclados majestuosos de “Curtains”, que ponen moqueta roja a una voz que esperas pero intuyes que jamás entrará. Es un instrumental. Como en los finales cinematográficos. DIANA haciendo diana.