Algunos productos son sospechosos desde su incubación, aunque el hecho de que los músicos de Half Moon Run se hayan conocido a través de craigslist no debería ser el motivo: desde siempre hemos visto en los tablones de anuncios, en puntos de reunión musicales, grupos que buscan músico y viceversa. No existiría la música, al menos tal como la concebimos ahora más allá de los parámetros tribales de nuestros antepasados, si solo pudieran practicarla amigos o conocidos entre sí. ¿Parece muy frío e impersonal? No más frío que la temperatura media de su ciudad de origen, Montreal.

Yo dividiría este álbum inicial “Dark Eyes” (Indica 2012, Universal 2013) en cuatro partes musicales. Una, la que arranca ya en “Full Circle” con olor a Fleet Foxes. Dos -tal vez la más flagrante-, la que toca la tecla Radiohead con profusión. Se aprecia sobre todo la influencia de las lentas de “The Bends” tipo “Fake Plastic Trees”, así como la utilización de voz y arpegios del periodo “Amnesiac”: ejemplos serían “No More Losing The War”, “Give Up” y “Drug You”. Tres, la tendencia a juntarlo todo simplificándolo a través de una épica benévola con raíces –“Unofferable”– que evoca a The Waterboys, sin mayor finalidad que construir una buena canción y agradar. Aquí también cabe un pica-pica de otros estilos -incluida la electrónica– desde la perspectiva pop, que hace por ejemplo que el cierre con “21 Gun Salute” ni sea Jon Hopkins ni The Postal Service pero que deje el buen sabor de boca de ambos.

Y -se le da un punto y aparte intencionadamente- cuatro, su tratamiento de las piezas suaves pop. Lo de Fleet Foxes y Waterboys podría quedarse en la antes mencionada “Unofferable”, pero es un placer escuchar “Nerve” y “Fire Escape”. Por encima de todas ellas juntas sin embargo está el baladón del álbum. No creo que pueda resistirse alma alguna a “Need It”, a esa emoción de la voz doblada durante un estribillo tan solemne. Devon Portielje demuestra que es capaz de tener el blues, y cualquier reseña hostilmente adversa debería ser considerada puro esnobismo. Algunos álbumes mainstream también tienen su dignidad.

Ah, y un anagrama, palíndromo, capicúa o como quieras llamarlo. La pieza más corta es la penúltima y dura 2:54. La última es la más larga, con 4:52. Me quedo mucho más tranquilo ante tan importante descubrimiento.