La promiscuidad musical de Justin Vernon es ciertamente encomiable, pero a la larga proyecta ciertos interrogantes, tanto musicales como éticos. ¿Debe uno amilanarse ante un artista nuevo que recibe un empujón suyo en forma presencial, y escucharlo con más atención/cariño? Ah, es que colabora Justin Vernon…¿Deben ceder los titulares del disco a las características musicales del de Wisconsin y perder parte de su identidad con tal de que él les asista? Lo digo porque no es lo mismo aparecer en un trabajo de Kanye West, donde ni pinchas ni cortas, que colaborar con Gayings o coprotagonizar reparto en Volcano Choir.

El caso es que no me extraña que algunos estén un poquito hartos de este hombre; de verle metido en todos los fregados y de que su falsete acapare el primer plano en trabajos no firmados personalmente por él. Estos mismos alegan que “Repave” (Jagjaguwar 2013) no se distingue ostensiblemente, o al menos no tan ostensiblemente como el anterior “Unmap”, de su último trabajo como Bon Iver. ¿Entonces utiliza distintas formaciones para imponer su criterio con matices diferenciales que apenas importan? ¿El hecho de que “Repave” siga la tradición impuesta por “Unmap” de haberse construido a salto de mata a lo largo de dos años y medio -cuando podían coincidir las fechas libres de los músicos- es razón suficientemente democrática para que el álbum no se cargue a la cuenta de Bon Iver?

Una vez dicho esto -frase patentada por los que tiramos la piedra y escondemos la mano, abogados del diablo y demás (mega)fauna-, la protuberancia de la personalidad artística de Vernon es la que realza las cualidades del álbum. Textos de primera, matices acústicos de meticulosidad exquisita, y esos tramos de profundidad magna entre la desesperación y el éxtasis. Muchos de ellos siguen viniendo acompañados de sentencias brutales: now you´re levying (past the sediments) en “Tiderays”, hold the keys to a cuban flight you won´t even ride en “Byegone”, o el escozor emergente cuando repite una vez tras otra take note, there´s still a hole in your heart en “Dancepack”.

En cuanto a lo reprochable, el abuso del falsete con ribetes soul puede llegar a cansar a largo plazo, como también alguna vez ha cansado el de Thom Yorke en Radiohead. Detalles menores que no impiden una valoración globalmente positiva de un álbum que, insisto, esta vez bien podría -con otros músicos- salir publicado bajo las siglas de Bon Iver. Aunque se saldase con nota inferior a los dos anteriores.