La trayectoria de la artista californiana asentada en Los Ángeles, Camella Lobo, trazada desde Tropic of Cancer, se ha ido solidificando y estructurando gracias a una serie de trabajos cortos previos que fueron construyendo una senda inmaculada y de oscura perfección desde que debutase en el influyente sello Downwards en 2009 con el single “The Dull Age”. Puesto en contexto, eran los años que en la esfera electrónica que fijaba su mirada en la música techno derivada hacia toques cinematográficos , industriales y de minimalismo synth del colectivo Sandwell District y sus componentes, de los cuales Juan Méndez (Silent Servant) empezó acompañándola en su aventura y Karl O’Connor (Regis) editándola en su sello. Su música era una suerte de refugio cristalino y romántico de todos aquellos vapores tóxicos cuyo recorrido en Downwards acabó en la recopilación “The End of All Things” (2011), donde estos adjetivos tomaban perfecto sentido en la versión de Soft Cell “L.O.V.E. Feelings”. Tras aquellos dos singles y un sensacional ep titulado “The Sorrow of Two Blooms”(2011) en los inicios de un sello que ha ido convirtiéndose en imprescindible en la escena electrónica inglesa esta década como es Blackest Ever Black, Juan Méndez desaparece de la formación para centrarse en reactivar su carrera en solitario como Silent Servant tras desintegrarse los vapores tóxicos del colectivo Sandwell District.

En esa transición, Camella Lobo fue buscando la reafirmación de su universo con diferentes ep’s que seguían orbitando en los mismos referentes de una manera estática y algo recurrente, motivos por los que “Restless Idylls” (2013) era un álbum esperado y previsible en cuanto a sus referentes pero que ha acabado sorprendiendo de una manera insospechada y una vuelta por la puerta grande dentro del catálogo de Blackest Ever Black. Vuelve de nuevo a verse rodeada del espíritu inicial desarrollado en Downwards con Juan Méndez, aunque esta vez sea para el diseño del álbum, y especialmente Karl O’Connor en la producción, donde deja entrar de nuevo los aspectos más intrigantes, cinematográficos y panorámicos del sonido mostrado en Sandwell District, transformando este trabajo en un sendero de misterios y pasiones eclipsadas durante el plenilunio. El misterio romántico e intrigante de la inicial “Plant Lilies at my Head”, con el crepitar melódico recordando a una versión mucho menos barroca de Julee Cruise junto a Angelo Badalamenti en el tema inicial de “Twin Peaks” se desarrolla desde el desvanecimiento, pero preservando el misterio y la pasión.

El disco se va desarrollando de manera sigilosa y encontrando algunos recuerdos que sobrevuelan la pasión hacia la escena post-punk electrónica inglesa de finales de los 70 y principios de los 80, trazos rítmicos que vertebran un esqueleto a estas lúgubres ambientaciones como en “Court Of Devotion” o el single de adelanto “More Alone”, exotismo synth-punk desde “Hardest Day” o turbulento chamanismo en “Wake The Night”, apareciendo siempre motivos instrumentales que potencian la melancolía y el hipnotismo recreado desde estos mínimos elementos en repetición a cámara lenta, voces reverberando en fantasmales ecos y sintetizadores siempre sosteniendo el discurso ponzoñoso de Camella Lobo. Obviamente, estos adjetivos o descripciones pueden indicar un mimetismo nada novedoso pero no hay que dejarse llevar a engaño, los referentes están claros pero la factura excede todos esos temores. Tan solo plantarse ante dos piezas tan inspiradas como “Children of a Lesser God” y la final e instrumental, “Rites of The Wild” para tomar la temperatura de este sensacional trabajo desde dos polos opuestos que completan un fascinante trabajo que en directo se completa con Taylor Bunch de DVA Damas, que junto a The KVB, forman parte un universo que parte de los mismos referentes con obras en creciente interés, en un momento en el que parecía que ya nos olvidábamos de estos parajes tétricos y desvalidos, siempre sometidos a la huida bajo la luna del cazador.