Christina Carter y su obra en solitario es uno de los grandes patrimonios dentro del folk más experimental e inquieto. Ya no solo su legado junto a Tom Carter en Charalambides o colaboraciones tan anómalas y maravillosas como Scorces junto a Heather Leigh es su timón, sino que en la última década ha ido elaborando y gestando una serie de trabajos encantadores sin duda alguna. Desde aquellos inicios con sensacionales discos silenciosos a la sombra de Charalambides y en plena eclosión de aquello llamado free folk a principios de la década pasada con “Future in Past” (2002) o “Tongue”(2004), sus trabajos parecían una rareza externa al germen de su grupo principal y que fue estructurándose en lenguajes más complejos durante todos estos años hasta acabar en una suerte de trabajos completamente diversos entre el período 2007-2009: desde los discos a capellaMasque Femine” o el posterior “Coupled” (2009) y perfectos compendios como “A Blossom Fell”, “Original Darkness” o el split junto a Pocahaunted. Todos ellos redondeados en una obra cumbre en su discografía como “Texas Working Blues”, reeditado con toda justicia por Blackest Rainbow en 2011.

Con toda esta batería de trabajos y centrada en el sello que ella gestiona, Many Breaths, inició en 2011 una propuesta desde su sello de suscripciones limitadas compuesto de tres volúmenes y diferente material adicional a éstos. Para los que no pudieron acceder a esas limitadas ediciones, cada año han ido apareciendo los trabajos de manera individual. Dando un vistazo a esta trilogía, la secuenciación en la que hemos ido conociéndola hasta ahora, marca una fotografía de inspiración y alcance de un nuevo estado de gracia de Christina Carter en el que ha ido refinando hacia nuevos extremos todos los géneros que fue explorando de manera independiente en el pasado. Comenzando con el primero de 2011 con “Trickster Who is Like God”, un álbum compuesto por una sola pieza donde su voz tomaba la experiencia de los discos a capella y se liberaba de la entonación puramente tradicional y se acercaba a formas libres del jazz y demás cánticos espirituales en la narración y una instrumentación delicada y con una variedad serpenteando por territorios diversos. “Imaginee”, como pivote central, mostraba composiciones mucho más breves y estructuradas donde repasar escenas de melancolía templada (donde incluso incorporaba el piano como instrumento con el que firmar sus piezas y sedimentando aún con más precisión su referencia al jazz y al blues) y lúcida junto a recitados de poesía que iban estructurando las composiciones principales y, este año, tenemos el último y más homogéneo de los tres, “Texas Modern Exorcism”, el perfecto sucesor a la lucidez suprema de aquel anterior trabajo que nombrábamos centrado en el estado tejano donde reside (concretamente en Austin).

Con todos estos elementos, como destacaba anteriormente, “Texas Modern Exorcism” es en mi opinión la vertiente más equilibrada de estos trabajos con un lirismo y encanto que tomando registros experimentales y libres, suena consistente y centrado en un lenguaje estructurado en seis composiciones seres y ensoñadoras. El disco se estructura en dos largos cortes que abren y cierran el disco como son “Painting” y “Drama” respectivamente, piezas en las que dejarse mecer de la templanza melódica de su voz navegando entre Mary Margaret O’Hara, Linda Perhacs, Kath Bloom, Tim Buckley, Nico y otro referentes dentro de los parámetros de experimentación folk como Richard Youngs, apoyada en la melancolía de Loren Connors y una sensación de requiem sureño que acaba devastando las entrañas. Belleza desolada pero en estado de plenitud, un mantra rico en detalles y al que muy pocas figuras de su generación son capaces de acercarse con determinación y éxito. Discos maravillosos de folk se siguen publicando, pero mis recuerdos acerca de esa inspiración memorable son cada vez menos (tan solo el “Blood Rushing” de Josephine Foster). Recomendar estos trabajos para todo el que sienta debilidad por cantautores que operan fuera de terrenos convencionales y reivindicar la figura de Christina Carter como artista capaz de seguir avanzando y exprimiendo su lenguaje mediante saltos sin red cada vez mayores. Una musa, una reina.