Para mí, la idea de irme de fiesta a Ibiza con un puñado de niños ricos, a tope de éxtasis, está en la posición trillonésima de la lista de cosas que quiero hacer con mi tiempo”. Son declaraciones recientes de Win Butler en una entrevista publicada por NME. Viviendo como vivo en un pueblo gerundense de turismo masivo decantado hacia la franja joven con poco dinero, que regatea ferozmente incluso el precio de una cerveza en el bar, siento la misma repulsa por la dolce vita de un tipo de gente (los que pueden, y los que quieren-y-no-pueden pero adoran codearse con los primeros) cuyo vacío interior es rellenado con hedonismo en vez de buscar alternativas emocionalmente más enriquecedoras. Sin cargar contra todo el sector turístico ibicenco, que conste, semejante tipo de diversión en tiempos de crisis me subleva. Paradójicamente, en parte gracias a la presencia de James Murphy de LCD Soundsystem, seguramente va a ser “Reflektor” (Merge 2013) el álbum que la Historia se encargue de describir como el más bailado de Arcade Fire en la isla.

Una vez dicho esto, también es cierto que la banda canadiense ha enfilado una mayoría de edad –Régine y Win ya son padres- cada vez más alejada del dogma de fe del acné eterno -incluida la obligatoriedad de hacer un álbum estrictamente rock– buscando alternativas que tenía ante sus narices. De hecho cuando les entrevisté para Rockdelux en 2005, y eso lo acuerdo bien porque siempre hurgo en la biografía del personaje buscando una pregunta viajera que cree un aire de complicidad, surgió la posible influencia de los orígenes haitianos de la familia de Régine en Arcade Fire. Debido a una serie de circunstancias -han visitado Jamaica, repetidamente Haiti, y disfrutado de la magia rítmica de un carnaval caribeño-, mi interés hace casi nueve años recibe ahora una respuesta edificante en forma de sonido.Reflektor”, por la razón que sea -más de una hora de duración, concepto, etc-, ha sido publicado como doble álbum.

Arranca fuerte, tremendo, con un ritmo implacable que está en deuda con Murphy y con las músicas que ambos mamaron (¿Talking Heads?), y no tiene visos de detenerse en la siguiente canción. Pero la algarabía final de “Flashbulb Eyes” empalmada con el inicio de “Here Comes The Night Time” proyecta el meollo del trabajo; el ritmo primario y la sumisión del cuerpo a las deidades del carnaval. La sensación de que algo ha cambiado al recibir su música el impacto de los alisios se palpa después en varios momentos, con mayor o menor sutileza: la percusión al quinto minuto de “It´s Never Over” o el magnífico pulso de “Afterlife” por ejemplo. Momentos tal vez no álgidos en cuanto a estruendo pero si en posesión de un hipnotismo subliminal que compensan la ingravidez de algún tramo (como el principio de “Normal Person”, donde parecen The Rolling Stones sin Keith Richards). Y no pierden de vista el presente como puente entre pasado y futuro: el rock impulsado tanto por los ancestros como por las partículas electrónicas de una “Supersymmetry” que va desintegrándose poco a poco a medida que sus once minutos finiquitan la obra.

De algún modo, sin poder afirmar que es su mejor o peor álbum -aunque sí el más corpóreo-, siento la necesidad de recomendar “Reflektor” con el mismo énfasis que su discografía previa. Siempre he pensado -y más desde un púlpito con el nombre de este site– que es imprescindible viajar, no para dedicarse a fusionar sonidos, sino para ampliar los márgenes de la inspiración. Aquí tenemos una muestra ejemplar, a la cual solo hemos de aproximarnos si nuestro talante es positivo y estamos mínimamente de acuerdo con la globalización cultural. Sin mirar atrás, como lo que representan las dos estatuas de la portada en la mitología griega. De lo contrario, sigan en su habitáculo, cierren con doble llave, traten de no escucharlo y, de paso, que los (buenos) espíritus no intercedan en sus vidas.