Devon Hynes es un personaje singular, diría que sin paragón en la actual escena pop-r&b. Lo diferencia de los demás por tener una cosmología muy propia en la que incluye referentes estéticos que el lleva a la sublimación – hortera en muchos casos- y recoge de ella su espíritu musical. Podemos hablar de una traslación expresionista de las grandes producciones de pop mainstream de los 80 y ese apego por el soul y el funk sofisticado, libidinoso y hedonista. La formulación, abigarrada por momentos, de sus teorías de estudio y el alma de la calle más ese plus cool que él tanto le gusta potenciar en todas sus fotos. El latido de la noche en destellos rosa. Queer divas y orgullo afroamericano. La ecuación perfecta del Jimmy Jam sinestésico.

Después de un Coastal Grooves” (2011) que ya nos ponía en alerta del talento de Hynes en manipular melodías de largo recorrido sustentadas en el eco de su guitarra y voz y tras producciones estupendas para Sky Ferreira o Solange, con “Cupid Deluxe” se plantea nuevos retos y se lanza a lo grande sin escatimar en nada. Un disco ambicioso, totalizador, repleto de detalles de producción, invitados de lujo, giros melódicos inesperados, y estribillos de combustión lenta. Un work in progress sexy, estimulante e irregular.

Chamakay”, primer single, abre el disco con un mood muy a lo “Liberian Girl” y le acompaña a las voces Caroline Polacheck de los excelentes Chairlift. Un inicio memorable que acompaña un video rodado en Georgetown – tierra de origen de su madre- con Devonté bailando un asimétrico vogueing.

Este reflejo en Michael Jackson es también un puente tendido a las lujosas producciones funk de Quincy Jones y Jimmy Jam & Terry Lewis como queda patente en “Always Let You Down” -esos beats secos pregrabados tan “Rhythm Nation” circa 1989- y del Prince de sus inicios se nutre “You’re Not Good to Me” (con Samantha Urbani de Friends).

La paleta cromática de Blood Orange se extiende, vampiriza y moldea a su gusto. No Right Thing” es de andrógina belleza, como las producciones de Sly Dunbar a Grace Jones -me viene a la cabeza “Nipple to The Bottle”-, “On The Line” tiene una linea de piano muy soft pop a lo Todd Rundgren al que se van uniendo bajos robustos y sintes vaporosos y acaba ensimismando, y en “Uncle ACE” es la alianza entre SOS Band, Barry White y Kenny G la que se lleva el gato al agua y tengo fe ciega.

Un disco en su conjunto errático pero único en el panorama pop actual. Le reprocharía esa ambición no bien gestionada , ese tufo a obra que nace para perdurar en el tiempo. Se salda el conjunto combinando excelentes temas sueltos con otros ahogados en una producción saturada de capas y capas de sonidos. Sonidos todos ellos que miran a un pasado pretérito y devuelven la imagen desenfocada de un genio en busca de su Santo Grial. No es éste, pero el disco suena y suena. Y no parará de sonar hasta que tenga vida propia.