No es sencillo acercarse a la obra de Richard Youngs para alguien ajeno a ella, ya sea en nombre propio o en infinidad de proyectos y colaboraciones con las que ya nos estaríamos moviendo en unos números que asustarían de entrada. Centrándonos exclusivamente en su obra en solitario, estos terrenos que ha ido abarcando desde la composición minimalista y de vanguardia de un disco de debut como “Advent” (1990) han ido dejando paso a una colección memorable en torno al folk inglés conducido de una manera del mismo modo arriesgada y poco dada a la pura estampa campestre repleta de elementos melódicos que nos evocan de manera tradicional este género. Su modus operandi tiene siempre algo malicioso y retorcido, sumado a la peculiaridad de su voz nasal y aguda siempre cerca de quebrarse, al estilo de Robert Wyatt por ejemplo, mucho más cercana en este punto a las primeras aventuras de Will Oldham como Palace aunque sin aquellas narraciones y temáticas tan terminales.

Trabajos en torno al folk que a Richard Youngs le llevaban a investigar formas libres de acercarse a referentes como Nick Drake o Bert Jansch de una manera anómala y que empezaron a fructificar en primeros clásicos como “Sapphie”(1998) que fueron perfumándose de aires psicodélicos en “Airs of The Ear”(2003) y terminando de encontrar componentes más arriesgados en “River Through Howling Sky” o “The Naive Shaman”(2005). Con una trayectoria solidificada en estos referentes, Youngs no cesa en su empeño en tomar registros cada vez más diversos y dispares en los cuales enfrontar sus diferentes experiencias, giras y colaboraciones durante todos esos años y lo convierten en un artista inclasificable y manejando cada año un torrente de referencias donde dar salida a todos estos experimentos. Este año, el bueno de Richard Youngs ha editado cinco discos, en todos ellos abarcando estilos y temáticas diversas. Diversificación e incontinencia que tiene altibajos, está claro, pero que nos muestra después de todos estos años a un artista libre y sin ataduras a las que ligarse. Su expresión tan solo tiene que saldar cuentas con su creatividad al final del día, sin mas peajes ni concesiones.

De estos cinco trabajos editados en 2013, llama la atención un disco como “Summer Through My Mind” para el sello Ba Da Bing, encargados en los últimos tiempos de alojar a otro ente de integridad impenetrable como The Dead C. El postulado e idea detrás de este álbum es crear un disco cercano al country norteamericano y estructurarse de una manera tradicional en la que acercarse a la desnudez de un primer Dylan, arrastrar la voz temblorosa en el aspecto folk de Neil Young o Holy Modal Rounders y dejar que elementos como el banjo o la slide estén presentes en estas narraciones mirando hacia el implacable horizonte sureño, vestido con botas de vaquero y arrastrando arena, mientras en la mente lo único que tiene es la botella de southern comfort.

Estas historias se estructuran con elementos mínimos y composiciones instrumentalmente casi desnudas, pero tremendamente plácidas e incluso decide recuperar una historia que escribió de pequeño en “The Story of John” en la que se deja acompañar por la narración del cantautor Simon Joyner, del que tal vez iniciaría su amistad en la época que Youngs editaba en el sello Jagjaguwar para el que Joyner ha entregado trabajos tan interesantes como “Skeleton Blues” (2006) o “Ghosts”(2012). Las viñetas que encontramos en el disco van desde la desolada y mágica “Mountain of Doom” , la viñeta dulce y melancólica de “Summer Through My Mind”, la pequeña y apasionada “Binary Stars Over Venice” o “The Future is So Different Today”. Como no, hay momentos para experimentos más reconocibles en el lenguaje de Youngs como el requiem gospel final en “Goodbye Oslo Rose” y la extensa “Spin Me Endless In The Universe”, donde los mínimos elementos se repiten mientras su voz se va ahogando en una narración en la que su aproximación al minimalismo y la experimentación no conoce una barrera de género. Honestidad y sencillez. El triunfo humilde.