Estamos ya acostumbrados al exceso de palabrería que utilizan muchas bandas británicas sin apenas historial discográfico para conseguir el titular que les abra las puertas de un contrato discográfico. La mayoría de las veces, si sus postulados son más de boquilla que avalados por música -al menos en directo si no hay material grabado-, se descarta incluso la opción de profundizar en su ideario. Muchas de ellas reivindican su existencia en nombre del arte cuando todos sabemos que lo que se busca es protagonismo, así que ni caso.

Todo cambia no obstante si aparecen avalados por una discográfica fiable. En el caso de MONEY además se trata de unos paladines del buen gusto como Bella Union, dedicados ahora -porque tuvieron un mal 2012 tal vez- a pescar en las aguas británicas de su amo. Simon Raymonde vuelve a casa.

El poderío de “The Shadow Of Heaven” (Bella Union 2013) no está en la presumible grandiosidad del sonido cuando lees sus declaraciones -de hecho los arreglos son bastante sencillos liderados por el piano-, sino en el impacto sensorial de la voz de Jamie Lee. No es Antony Hegarty ni el cantante de Wild Beasts, pero se columpia en la gama alta como un ángel sobre un trapecio; consciente de ello, se explaya cuando siente el aliento único del piano -durante un segundo en “Goodnight London”, al enunciar `I´m singing for the dreamers´, parece el John Lennon de 1970- y también cuando le toca abrirse paso entre otros instrumentos -como en “Who´s Going To Love You Now”, con una entonación ya explorada por Animal Collective-, sin amedrentarse ante la pompa -el final de “Hold Me Forever” subiendo a los altares- o a cualquier circunstancia. Y como aderezo personal, esa guitarra finísima de Charlie Cocksedge esculpiendo notas de cristal de época –The Clientele en “Bluebell Fields”– como de africanismo luminosamente difuminado –“So Long (God Is Dead)”– que eclipsa cualquier tufo arty extramusical. Escuchando “The Shadow Of Heaven” se entiende mejor la portada. Disfrutar levitando.