Si hiciéramos un inventario de todas las bandas de pop surgidas en Massachussetts en los 80’ y 90’ nos saldrían unas cuantas. Sin lugar a dudas muchas de ellas no sólo forman parte de mi educación musical, sino también de la sentimental: disociar este último componente se me hace extraño cuando me refiero a música. Como digo la lista de favoritos sería larga: Dinosaur Jr., Pixies, Buffalo Tom, Galaxie 500, y así hasta trazar el camino hacia Salem 66. Fueron aquellos días – principios de la década de los ochenta en EEUU– donde se empezó a gestar un nuevo sonido que se llamaría Nuevo Rock Americano y del Paisley Underground, de sellos independientes -Stiff, I.R.S., Homestead, o SST- que abrían nuevos y excitantes senderos por los que adentrarse para reinventar una nueva rabia juvenil mientras otra -el post punk– daba sus últimos estertores. Lo que pasó luego ya lo sabemos: el indie.

Es este contexto, tres chicas de Boston cuyos nombres son Judy Grundwald, Elisabeth Kaplan y Susan Merriam dan inicio a una efímera carrera bajo el nombre de Salem 66.La historia arranca en 1984, año en el que Homestead Records prensa su debut en un 12’ de título homónimo. Fueron seis demos recuperados para la ocasión, y entre ellos se incluía estaPony Song. En la portada del disco aparecen posando en lo que parece una mansión abandonada. Rictus amenazante y actitud lánguida. Así es su música: debajo de un aparente formalismo hay una fuerza interior a punto de salir y arrasar con todo.

No sé si PJ Harvey se inspiró en esta canción cuando compuso la genial “Good Fortune” pero el ritmo que marca con su guitarra es calcado al de ésta. Es “Pony Song” un tapiz primorosamente acabado de guitarra, bajo musculoso, y batería cabalgando por horizontes lejanos dejando tras de sí la sombra de una duda e irradiando una luz fulgurante que ilumina los contornos del alma más negra. Un entramado rítmico que salda deudas con los calambres de The Feelies, evidencia las lecciones bien aprendidas tras la publicación del “Murmur”, ese catecismo para conversos, y esa fuerza impulsada desde adentro -llámalo punk o como se quiera- me recuerda al inolvidable “Fire Of Love” de The Gun Club. Preciosa es poco.