El nombre artístico de Darren Cunningham, Actress, se ha convertido en los últimos años en uno de los referentes indiscutibles dentro de la electrónica experimental, gracias a esa manera tan personal de encontrar acomodo dentro de una complejidad laberíntica tan monolítica a pequeños fragmentos brillantes que te creaban la ilusión de estar persiguiendo un rastro de luz entre una espesa niebla. Tal vez sea una manera breve y personal para definir todos los matices de un productor que se presenta con su nueva obra, “Ghettoville”, con el anuncio de ser póstuma (al menos con este alias por el que le reconocemos todos, junto a Thriller) y así cerrar la cuadratura del círculo emprendido desde “Hazyville” en 2008, llevándonos por la consagración en “Splazsh” y “RIP”, junto a una buena ristra de maxis, actuaciones míticas y remezclas. En este corto período de tiempo, Actress no solo ha creado una obra apasionante por sí misma, sino que también consigue establecerse como uno de los estandartes en los que siempre se recurre para hacer referencia a una buena lista de proyectos por las similitudes con su sonido. Para este último trabajo, potencia el apartado más decadente y narcótico de su obra y lo implementa a una narración estructurada en dieciséis cortes que emprenden un camino decadente y abstracto, más propio de una mixtape que trata de desfigurar en cada uno de los fragmentos diferentes patrones estilísticos, aunque principalmente lo que acaba siempre sonando es el espíritu por el que Cunningham es conocido.

De algún modo, encuentro referencias a la forma en la que Lee Gamble y otros espíritus vanguardistas se acercan a diferentes etapas de la cultura electrónica para intentar crear un complejo collage, en el caso de “Ghettoville” mucho más abierto a dejarse invadir por espíritus de hip hop, synth funk, boogie, glitch hop, IDM, microhouse,… extrañezas compartidas con otros nombres que fabrican realidades paralelas y alienadas, un poco como dar una mirada a nuestro entorno y observar como los rastros más característicos han sido suplantados por patrones basados en ideas que potencian la comercialización (tampoco me voy a poner ahora a soltar mucha chapa) o en la manera en que construimos nuestra identidad customizándola en un ciclo infinito de refinamientos. En algunos momentos, casi parece más un disco de ambient y field recordings aderezados por su retorcida paleta rítmica. Así late “Ghettoville”, como una narración abstracta y mortecina que se va desplegando ante nosotros mostrando todas y cada una de sus diferentes aproximaciones y, en cada una de ellas, vamos divisando recuerdos estrangulados por la personalidad inconfundible de Actress, granítica y ahogada, quedándose con la parte malsana de todos los pálpitos, con los gases pesados y las vísceras de la carne. Con todo ese amasijo, consigue lanzar un último misil a la escuadra. No sabemos como volverá, pero sentimos que ahora mismo ha dejado atrás una de las más apasionantes obras dentro de la música electrónica en los últimos años. Impecable.