Stories Don´t End” (Dawes). Oh, L.A, so much to answer for. La música californiana adocenada de hace cuarenta años, la que representaban Eagles ha sido la más castigada -después de los sinfónicos- cuando la cultura punk barrió con todo. No es cosa de reivindicar ahora lo que se quemó en la hoguera entonces, pero ciertos autores y canciones -de Eagles también, por supuesto, entre ellas “Hotel California”: ni Frank Ocean se opondría- siguen estando entre mis preferencias. La música de Jackson Browne, por ejemplo, además de influir en Robert De Niro, perdón en Travis, en “Taxi Driver”, a mí me salvó en más de una depresión romántica. Lo que quiero decir es que, por mucho que se critique el conservadurismo de Dawes o su parecido -vocal, de acuerdo- con Browne, no voy a tragar. Cierto es que esta vez apuran la comparación hasta rozar el plagio en cuatro canciones, pero hay al menos media docena que merecen un aplauso en cualquier foro. Las que más me gustan, las lentas: “Just My Luck”, “Something In Common”, y el tremendo final con el reprise de “Just Beneath The Surface”. Canela finísima.

 

Antiphon” (Midlake). Vale que se considere obvio que la salida de Tim Smith, el cerebro que engarzaba las distintas inclinaciones de los miembros de Midlake, iba a restar y no a sumar. Pero de allí a que aquella melancolía de hoja marchita otoñal se vea atrapada en un rock sin destellos hay un trecho; incluso “The Old And The Young” empieza con trote boogie, o si se prefiere como un “Roadhouse Blues” sin flema (que algún detalle de teclados han pillado de Doors). Después de adentrarse en el bosque del folk eléctrico, parece una huida -el guitarrista Eric Pulido, al tomar el mando, ha puesto su voz y la sección rítmica en el primer plano de las mezclas: tal que Steely Dan haciendo versiones de Fairport Convention– hacia alguna parte que ni ellos mismos admiten vislumbrar. Suerte que la esencia sigue (casi) intacta a pesar de las formas.

 

The Worse Things Get, The Harder I Fight, The Harder I Fight, The More I Love You” (Neko Case). Tal como la vi desgarbada en el Primavera Sound 2013 -una reflexión: ¿por qué solemos recalcar esta faceta de las grandes del country o blues cuando maduran, casi insinuando que lo han hecho con un vaso de bourbon en la barra de un bar?-, con este álbum siento que ha recuperado -parte de- su esplendor pretérito. Debido a la cantidad de fregados musicales -estilos diferentes- en los que se ha visto metida durante todos estos años, el disco pasa casi de puntillas por el country a pesar de contar con instrumentistas de la talla de Kelly Hogan, Jon Raunhouse o John Convertino -me encanta “I´m From Nowhere”-, y se acerca en varias piezas –“City Swans”, “Ragtime”– a un rock que le debe más al indie que a la americana. Versión de una pieza de Nico incluida.

 

If Not Now Then When?” (Ethan Johns). Heredero de la profesión de su padre, de él ha aprendido los secretos de las raíces de la música norteamericana que también cuenta con una rama procedente del folk británico. Ahora debuta como artista y revierte la experiencia de quienes ha producido (Laura Marling, Ryan Adams, Jayhawks, Whiskeytown). Mucha americana y un par de excursiones periféricas -el blues corrosivo de “Morning Blues”, cóctel de piano y drones en “The Turning”, el garage sesentero de “Don´t Reach Too Far”– confirman un trabajo de composiciones correctas y acabados impecables.

 

Fanfare” (Jonathan Wilson). Mal presagio entre título y portada. Lo que antes quedaba suspendido en el aire, entre la acústica y el reflejo de su voz -lo íntimo-, ahora se ha visto perturbado. Cuerdas y vientos -en los siete minutos de “Fanfare”– marcan un cambio importante. Como si invadiesen tu sueño privado. A veces concede un par de minutos como los de antaño -en “Dear Friend”– pero acaba soltando un zarpazo saturado. En “Desert Trip”, donde también parece recogido, desmonta la magia con coros demasiado ornamentados (Jonathan no es Grizzly Bear), al igual que en “All The Way Down”. Afortunadamente “Cecil Taylor” recupera sensaciones aunque caiga en el formato CSN&Y. En definitiva, se deduce que el artista está inquieto al no dejar florecer algunas canciones según un orden lírico lógico. Quizás sea una pataleta mía por esperar una calca de “Gentle Spirit”, así que seguiré porfiando, ya que parte del álbum me tiene pillado.

 

The Silver Gymnasium” (Okkervil River). El giro de “I Am Very Far” hacia parámetros más accesibles, unido al traslado a una multinacional y a una producción más profesional -aunque con la credibilidad intacta: John Agnello-, induce a la teoría del vaso medio lleno/vacío. Según se trate de un seguidor de la vieja guardia o de un amante de la música en general, lo dócil y manso -con recuerdos de juventud en el guión- puede ser lacra o virtud respectivamente. Entiendo a los primeros con el discurrir ramplón de un tramo de “Walking Without Frankie”, pero disfruto del saxo de “Stay Young”, de la pasión vocal eterna –“Where The Spirit Left Us”– y reto a cualquiera a intentar no caer rendido a los pies de “Down Down The Deep River”.