Guardo un cariñoso recuerdo de aquellos tiempos en los que me dejé arrastrar por los sonidos de aquello que se fraguó con el nombre de “Los Jóvenes Flamencos”. Un maridaje exaltado de nueva savia flamenca, pop, jazz y demás derivados. Todo hecho con pocos medios, pero con sumo cariño e ilusión; el objetivo era dotar al flamenco de canales de difusión y de producciones solventes a la altura de la música pop. Nace Nuevos Medios. La andadura empezó en 1982 y todo orquestado por Mario Pacheco y su señora Cucha Salazar, los dos personajes más importantes del pop español de los últimos treinta años. Al rey lo que es del rey.

Mi primer contacto con el sello fue tardío. Parece que fuera ayer cuando un respingo me puso en alerta de lo nuevo que estaba pasando a mi alrededor. Esos requiebros cantados con el corazón en la boca por Ray Heredia en “Yo Solo” me hablaban un idioma nuevo. Luego llegarían Pata Negra, La Barbería del Sur, Ketama, Duquende, y un larga lista de artistas portentosos que a día de hoy siguen acaparando mi atención.

Claustrofobia formó parte de la familia Nuevos Medios durante unos años. Hace pocos días que Pedro Burruezo me comentaba – rememorando aquella escena- que tanto Mario como Cucha le querían mucho, e intentaron poner todas las facilidades a su alcance para realzar las preciosas canciones del grupo. De esa asociación nacieron dos discos: “Un Chien Andaluz” (1989) y “Encadenados” (1992). En el primero – en palabras del propio Burruezo – se estuvo más pendiente del proceso de producción que de otra cosa, y el segundo es un disco de pop maravilloso y testamento del grupo. Años recordados con intensidad y apego.

Descubrí a Claustrofobia con “Repulsión” (Justine, 1987) gracias a RDL -ese año se alzó con el primer puesto en el apartado de discos nacionales- pero tienen un duende especial estos “Lamentos Mineros” que hace que vuelva a ellos recurrentemente. No me pregunten el motivo porque tiene difícil contestación; así que pocas cosas salvaría de “Un Chien Andaluz” – sigo pensando que es un disco que adolece de una producción plana y sin matices – pero esta rumba condensa en poco más de cuatro minutos todo lo que me fascina del grupo barcelonés. Enumeremos: versos de costumbrismo funámbulo –Antonioni, Lorca, Goya, y Gato Pérez-; colisión natural de estilos musicales; exuberancia melódica, y el juego de voces entrelazadas con primor. Cante de penas sencillas que el viento nunca se llevará.