Tal vez la mayor virtud de Matt Elliott sea su capacidad para aglutinar sentimientos contrarios en una misma grabación. Puede resultar asombrosamente melancólico sin renunciar a la mala baba. Humorístico -¿sarcástico?-, político y a la vez vulnerable; acústico y electrónico; alcohólico, frustrado y a la par hermoso.

Otra de sus virtudes es que jamás ha renunciado a sus premisas para ponérnoslo fácil. Si acaso, el paso del tiempo ha erosionado algunas de sus aristas afiladas a cambio de sabiduría, como todos los grandes cantautores. Del impulso irreflexivo a la puñalada premeditada. Así, desde el mismo título, quizás sea “Only Myocardial Infarction Can Break Your Heart” (Ici, d´ailleurs-Acuarela 2013) su trabajo mejor hilvanado hasta la fecha. Entra con “The Right To Cry”, un tema cuyos diecisiete minutos transcurren como un soplo, y “Reap What You Sow” insiste en mostrarlo como un Leonard Cohen europeo cuya residencia francesa no renuncia a los referentes musicales eslavos ni –“I Would Have Woken You With This Song”– a la guitarra española. Como siempre decepcionado, resquebrajado y solitario, triste pero cada vez más adulto, combinando pernod y vodka sin perder la verticalidad estoica. Provenzal y relajado en apariencia, con las salidas de tono circunscritas a los textos. Y rebajando la vertiente otrora inquietante de su sonido esta vez a lo anecdótico (“Again”).

Me niego a elucubrar acerca del margen de mejora que pueda tener la música de Matt Elliott a partir de ahora si sigue utilizando los mismos ingredientes. Pero tengo la sensación, escuchando este álbum, que ha tocado techo. Claro que siempre puede con su cabeza seguir rompiendo tejas. Go run go ring the bells. Go run go ring the fucking bells. Mientras, el Poder seguirá haciéndose el sordo.