Casualidad o no, al reseñar el primer álbum de James Vincent McMorrow establecí una comparación con Antony Hegarty en contraposición ficticia a la austeridad (entonces) de James Blake. Solo quería reflejar un ejemplo de cantautor florido contra lo electrónico minimal. “Post Tropical” (Believe 2013), segundo trabajo, paradójicamente flirtea con las dos variantes. Cierto es que en “Cavalier” los atisbos de electrónica tipo Blake se ven de pronto dinamitados por la exuberancia orquestal. Y que en “The Lakes” se recupera el tono vocal soul de Hegarty, aunque sigan los arreglos sintéticos minimalistas usurpando protagonismo a las acústicas de antaño.

Algo más sin embargo ha sucedido. McMorrow ha aprovechado bien sus bazas provincianas irlandesas, actualizándolas -como Justin Vernon– en un contexto que quizás pierda la ternura pastoral de orfebre anónimo, pero gana definitivamente la partida al ofrecer un producto con los clichés de sensibilidad requeridos por la parroquia del siglo XXI; en todo su empalagoso esplendor. Sin querer con esto decir que el material aquí presentado sea carnaza de clubs -tal vez algún pasaje aislado si lo sacamos de contexto- o que su autor pudiera encajar en la cartelera del Sonar, “Post Tropical” combina calidad, plasticidad y vigencia al amparo de una fórmula a la que ayuda a consolidarse, aún a costa -como Villagers el año pasado- de perder parte de su preciada virginidad inicial. Si es que se puede perder la virginidad a medias, claro.

Gustará -aunque sea a modo de sucedáneo- a los incondicionales del recogimiento a lo grande de Bon Iver. Perfecto como bombón cuya dulzura se pega al paladar. Me sigo quedando no obstante con la humildad de su debut.