Entre 1969 y 1977, es decir, entre el hundimiento hippy y el rodillo punk, desde California se exportó un modelo de cantautor con raíces variables -los referentes eran nobles- pero escorado hacia un tipo de canción que tenía más que ver con el pop que con el rock, en el que ésta se convertía en protagonista absoluta. Pulida, bien arreglada e interpretada, donde los estribillos -o la capacidad del oyente para recordarlos- mandaban. Podían ser más country (Gram Parsons), más de textos (Randy Newman) o de emociones (Jackson Browne), así que pronto surgieron sucedáneos o colegas sin su solidez para cubrir la demanda (Andrew Gold, Stephen Bishop, John David Souther, etc etc).

Hasta hace unos pocos años este tipo de música estuvo proscrito en el panorama musical de prestigio. Desde que un buen día alguien elogió a Rilo Kiley hasta quienes hoy vuelven a poner sobre un altar “Rumours” de Fleetwood Mac no ha transcurrido tanto tiempo, pero conviene recordar que la guerra contra el chaqueterismo aún no se ha ganado: quienes antes detestaban estos sonidos (Eagles, ¡qué asco!) y después los veneraron (Gram Parsons héroe), son los mismos que dentro de un tiempo volverán a darles la espalda

A propósito de Rilo Kiley y Jenny Lewis, de la mano de ella ha salido del anonimato Jonathan Rice, norteamericano criado en Escocia. Incluso juntos formaron pareja -carnal aparte-en el álbum “Jenny And Johnny” (2010). Ahora él publica el tercer álbum. “Good Graces” (SQE 2013) no aporta canciones suficientemente importantes para ensalzarlo como obra de valor especial. Pasan bien -muy bien- aún sabiendo que son inocuas -vale, alguna punzada existe, como la guitarra de “Surfer´s Lament”-, pero dicho argumento lo puede rebatir la presencia de una versión como la de la siempre encantadora “That Summer Feeling” de Jonathan Richman. Y destacaría también ese homenaje soleado a Lou Reed y a War llamado “Lou Rider” compuesto a medias con Jenny. Una macabra coincidencia: entre la publicación de este disco (17 de septiembre en USA) y la muerte de Lou (27 de octubre) transcurrieron exactamente 40 días. Tal vez tuvo la oportunidad de escucharlo y esbozar una sonrisa.