Afinar el diagnóstico en esta ocasión, todo un reto dado del golpe de timón dado por St. Vincent en su nuevo álbum “St. Vincent” (Loma Vista 2014). Después de varias escuchas sigo desorientado. ¿No es verdad que un músico con talento debe procurar no repetirse? Annie Clark, amparada en el suyo -que lo tiene, y mucho-, se ha sentido valiente tras la aventura del disco de los vientos junto a David Byrne. ¿Y el resultado es satisfactorio? Sí. ¿Es éste mejor álbum que el anterior? No exactamente. Es distinto.

De entrada es más físico con la producción de John Congleton. Tanto “Rattlesnake” como “Birth In Reverse”, con solo mini moog, batería, sintetizador, más la guitarra y la voz de ella, fabrican ritmos contundentes que harán las delicias de quienes disfrutan bailando en los conciertos. Tienen una concisión sonora tan afilada como los primeros Talking Heads -y un tema con vientos prominentes, “Digital Witness”– con mayor protagonismo electrónico, y con unos espacios donde Annie disfruta inventando sonidos de guitarra. Incluso concede algún guiño comercial, como “Psychopath”.

Se echa en falta sin embargo la filigrana de mujer sensible que conseguía escurrirse hacia paisajes sonoros fantásticos en “Strange Mercy”: en este aspecto aquí solo deleita en “Prince Johnny” -con un toque retro además-, en la capa de teclados a lo Julia Holter de “I Prefer Your Love”, y cuando decide traspasar la armadura sintética con su voz para llegar -al citar Santa Sofía en griego, en referencia al recinto de Istanbul– a cotas angelicales durante unos segundos escasos.

Al principio, la reacción ante el cambio es negativa. Pero, al revés de lo que me sucedió con John Grant, y teniendo en cuenta que tampoco le encontré el punto a “Love This Giant”, he aprendido a paladear esta vez su ingenio -casi más como guitarrista que como compositora o vocalista- en un terreno tan poco propicio para la sensiblería como el que se ha atrevido a pisar. Creciendo con el paso de los días.