Hasta ahora la cotización de Luke Temple siempre había tendido al alza por saber manejar los ingredientes con prudente cautela. Y con el valor añadido de firmar con su nombre las canciones de estructura de cantautor más clásicas, dejando el material proclive a ser desarrollado instrumentalmente -por no llamarlo experimental- para Here We Go Magic: composiciones con un comienzo preciso a las que iba sumando hipnotismo, capas de teclados y arabescos finos de guitarra con el transcurso de los minutos. Un talento poliédrico, pues tan cómodo se sentía buceando en lo psicodélico como en lo étnico.

Un par de cambios diferencian “Good Mood Fool” (Secretly Canadian 2013) de la norma descrita. Aquí Luke no restringe su nombre a las texturas más acústicas, aunque sigue imperando el formato canción sin demasiadas escapadas instrumentales. La gran aportación del álbum es su apuesta -con matices, y en otra época, como el Todd Rundgren de “A Wizard A True Star”- por utilizar el sweet soul de hace cuarenta años como referencia. Pasado el espejismo de un par de acordes de Steve Miller en clave electrónica al empezar “Hard Working Hand”, pronto se aprecia el falsete soul al modular la voz en “Katie”, y ya definitivamente en “Florida” al utilizar todos los recursos vocales de las bandas de aquel tiempo, llámense The Delfonics, The Dramatics, The Chi-Lites o The Stylistics. No es por supuesto un ejercicio revivalista, sino una sucesión de estiramientos -también pulsa ritmos ochenteros- sin mayor intención aparente que la de reforzar la musculatura compositora, pero que a la postre, casual o intencionadamente, dan forma a un álbum que casi podría describirse como bailable; con un final por cierto -“Hardest Working Self Made Mexican”- de lo más agradablemente inesperado.

 

PD: Que su parecido en la fotografía de la portada con el jugador barcelonista Adriano no desanime a los madridistas a hacerse con él.