“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Pocas frases más importantes que ésta para empezar un libro igualmente juzgado como uno de los más importantes, “Cien Años De Soledad”. Solo la entendí parcialmente una vez situado en el contexto adecuado, al mirar desde las playas cercanas al parque de Tayrona hacia las faldas de la sierra nevada de Santa Marta en Colombia, intentando echarle la misma imaginación -tarea imposible- que el incopiable Gabriel García Márquez. Por cierto, esta intro fue escrita antes de su lamentado fallecimiento.

Lo cierto es que jamás he estado en el Norte. Y entiéndase por Norte todo territorio más septentrional que Holanda y Alemania. No he podido contemplar la vida de los habitantes de las ciudades escandinavas en invierno, ni mucho menos aislarme en una cabaña del bosque con el blanco como color único de referencia visual. Pero presiento que lo que podría sentir refugiado en una estancia entonces allí me alentaría a componer canciones como las de los suecos Old Amica: jarabes para reavivar unos sentidos ateridos por la temperatura exterior; cálidos y deliciosamente reposados, donde la paz brota impoluta como reflejo de una naturaleza tan despiadada en su inclemencia como bella en su balance final. Contra el frío, una canción de Old Amica proporciona más calor interior que cualquier cantidad de licor que un San Bernardo pueda transportar en su barrica.

No se trata de repetir con “Fabula” (Moonpalace 2014) lo que ya se dijo aquí del trabajo anterior que Linus y Johan publicaron, “The Burning Dot”, pero conviene recordar los parámetros básicos. El reverb de los My Morning Jacket iniciales, el recogimiento de Great Lake Swimmers, a los que se podría añadir, además de la entrada litúrgica que enlazará con el lado accesible de Grizzly Bear“Silhouette”-, parte de la fórmula aplicada -en “Old Oaken Pond”– por Fleet Foxes: como una plegaria navideña colectiva mientras la nieve destella entre la noche. Estos suecos tienen la habilidad de convertir finales infelices, como el de “The Note”, en piezas regadas con infinita delicadeza, la misma que los primeros copos de nieve cayendo en la frase inicial.

Como pieza más ambiciosa destacaría “Showers Of Light”, con una primera parte de eco vocal muy Jim James donde uno queda deslumbrado por la sutileza de este repiqueteo aparente de glockenspiel, mientras la segunda se vuelca hacia un tipo de plasticidad más dramático: dos canciones -siete minutos- bajo un mismo paraguas. Protegiendo de la tempestad lumínica. La capacidad que tienen Old Amica de deslumbrar es tan definitivamente cegadora que renuncio a desmenuzar aquí las cinco piezas restantes. Escúchenlas ustedes y dénme la razón. No se admiten discrepancias.