Escuché a Angel Olsen por primera vez con su álbum anterior “Half Way Home” gracias tanto a la recomendación de Juan Cervera como a su currículo a las órdenes de Will Oldham, y en la correspondiente reseña (Rockdelux diciembre 2012) insinué la enorme cantidad de matices -algunos además contrapuestos- que podía producir con tan pocos medios. Era folk singer, la Michelle Skocked inicial de grabaciones de un campo bíblico, P.J. Harvey en una granja, mujer, cáustica y a la vez vulnerable. En contrapartida, eludí mencionar que “Acrobat” tiene más de un acorde pillado de “At Seventeen” de Janis Ian.

Aparentemente su nuevo álbum “Burn Your Fire For No Witness” (Jagjaguwar 2014) podría describirse en esta clave, sobre todo si nos quedamos con el título y la sequía de “Unfucktheworld”, el primer tema. Sin embargo “Forgiven/Forgotten” ya vibra con una fuerza distinta. Emana brillo y control; profesionalidad. ¿Mejor o peor? La desnudez no siempre es el mejor vestido, y de vestuario sabe bastante un productor experto como John Congleton (como ya se dijo acerca del último trabajo de St. Vincent). Cuando tu música es arisca y con aristas, una ayuda para canalizar evitando lo mortecino resulta fundamental. Lo notas en las resonancias de “White Fire”. Es guitarra acústica y voz, pero los drones trabajando en la sombra multiplican el efecto de desazón. Y el incremento de electricidad acompañada de una banda para reforzar el mensaje; la increíble potencia de la impotencia. La vida son cuatro días, y por tres de ellos pasamos con mala cara. De hecho lo que prevalece escuchando el álbum es la sensación de soledad que -más que describir- denuncia: la soledad de un individuo en una relación de pareja -paradójico nuestro egoísmo, ¿no?- y la soledad de facto escondida tras la fachada de un presente socializado virtual. ¿Cómo es que teniendo tantos amigos en facebook amaneces cada día solo? Elucubraciones mías sugeridas por sus textos.

Porque “Burn Your Fire For No Witness” tiene la virtud de sonar sin fisuras. Trascendente. Para una artista con su apego por la contrición, hay que sacarse el sombrero ante la percusión sutil de “Iota” y admirar la amplia paleta eléctrica a la hora de adornar ciertas canciones (incluso la frivolidad de juntar noise con piano al final de “High & Wild”), así como su entereza al no plegarse ante la comodidad de una melodía fácil; prefiere la aspereza, aunque -como en “Dance Slow Decades”– ahora concede más que antes. Y a veces apura tanto –“Stars”– que te lleva al límite. Cierra tus ojos, e intenta respirar durante un rato. Sobre todo en “Windows”, la pieza elegíaca final con el texto clave para entender las contradicciones que Angel observa. ¿Estás ciego? ¿Estás ya muerto? ¿Estás vivo? ¿No vas a abrir una ventana alguna vez? ¿Qué hay de malo en la luz? Brutal.