Se ha repetido aquí siempre: el camino que recorre un músico tiene mucho que ver con la edad, la experiencia y la sustitución del ímpetu juvenil inicial por un cromatismo sonoro más sereno. Con casi todos los que alcanzan el privilegio de publicar tres o más álbumes suele suceder. La visceralidad que se pierde es ampliamente compensada por el refinamiento de las formas; aunque el mensaje o la personalidad de su autor siga invariable. Muchos ejemplos de libro, desde Evan Dando al Dan Bejar de los inicios que un día se para en “Rubies”, se percata que por esta vía ha llegado al máximo -histórico- y da media vuelta para repasar los flecos que haya podido dejar sueltos, logrando “Kaputt”. Se me ocurre la comparación mientras escucho “Suffering”.

Sin ser tan flagrante como los ejemplos anteriores -yo limitaría su proceso a una suavización de formas progresiva como ya se comentó en posts anteriores-, Adam Granduciel ha ido limando poco a poco asperezas en The War On Drugs hasta obtener -gracias en parte a las mezclas de Nicolas Vernhes– un “Lost In The Dream” (Secretly Canadian 2014) aún más aterciopelado que “Slave Ambient”. ¿Cómo? Perfeccionando la colcha de sonido con la capa de teclados, y amansando la contundencia rítmica para que luzcan sobre ellas los juegos de guitarras que él crea para decorar su voz. Vamos con los tres ejes básicos de su estilo:

A) El trote germánico –motorik es el término que usan los anglosajones- de algunas piezas sigue en vigor, aunque brilla protuberante cuando está estratégicamente posicionado: si después de un instrumental etéreo como “The Haunting Idle”Brian Eno meets Ry Cooder– colocas este tipo de arranque rítmico en “Burning”, garantizas el subidón.

B) El deje Dylan de la voz. Sigue innegociable como siempre. Pero es tal su influencia que esta vez incluso se permite Adam soltar riendas y entrar en el territorio sonoro del Bob de “Saved”, apelando al mismo tipo de balada –“Eyes To The Wind”– no exenta de épica.

C) Y, ya que citamos esta canción, con su saxo atemperado y su piano saltarín, a todo ello se ha de añadir un punto Springsteen que va más allá de lo circunscrito por la utilización de unos determinados instrumentos -bastante saxo, incluso armónica en “Lost In The Dream”– y se percibe en la manera de utilizarlos.

En definitiva, no cabe duda que “Lost In The Dream” se ha planteado desde la sana ambición de fabricar una obra impactante. Partiendo del título del álbum, anunciando intros atmosféricas -casi todas las canciones son largas, la primera incluso roza los nueve minutos- para que luego despliegue, aún menos fiero esta vez, su beat obsesivo característico, se disfruta de un trabajo donde ya los acabados empiezan a condicionar las vibraciones de los temas. ¿Mejor crudo o cocinado? A mí The War On Drugs me gustan de las dos maneras.