Nadie –incluido el propio protagonista de esta historia- puede negar el hecho de que Owen Pallett, quizá por una cuestión de sugestión fundamentada en evidencias intuitivas y no preconcebidas, siempre verá irremediablemente asociada su fórmula a la de uno de los grandes heterodoxos de la segunda mitad del siglo XX: John Cale. Le delata ese registro vocal tan cercano al ex-Velvet Underground, así como algunas de las planificaciones sonoras más inherentes al autor de “Fear”, en concreto esa que habla de normalizar la música de cámara dentro de los márgenes del consumismo pop.

Aun así, hace falta concretar a qué tipo de discos de Cale nos queremos referir cuando queremos conectar adecuadamente al otrora Final Fantasy: se suele recurrir a los discos mayores del galés, dando con ello (creo) claros signos de falta de rigor, con lo cual la equiparación queda indefectiblemente coja. Yo prefiero particularizar en aquellos momentos donde Cale, como Pallett en toda su obra, posterga las guitarras poco menos que al más implacable de los recuerdos: “Words for the Dying” (1989) o la banda sonora de “Paris S’eveille” (1991) podrían ser mejores ejemplos, así como momentos puntuales del “Wrong Way Up” –“Córdoba” o “Footsteps”– que firmara junto a Brian Eno por esas mismas fechas.

In Conflict” (Domino, 2014) no hace más que confirmar la tendencia, y más si es el propio Eno quien aparece como especial reclamo –chamán en la sombra- en varias de sus canciones, cerrando prácticamente el círculo. La novedad estriba esta vez en el brío de esas nuevas composiciones, donde la producción un tanto mate de entregas anteriores ha dado paso a una mayor efusividad en la edificación de las más recientes. Eso que se dice a menudo de darlas todo lo que piden, contradeciendo a menudo la fastidiosa propensión del indie a desnutrirlas casi por decreto.

De ese modo las historias de Pallett han ganado aún más en matices y angulosidad, hasta el punto de encontrar fortuitos vínculos como el “Orpheus” de David Sylvian en el impass de “I Am Not Afraid” –el tramo más pianístico-, o intentos de hit a la manera de Stars en la canción que da título al disco. “On A Path” oscila en una imposible horquilla que va del “Grown Backwards” de David Byrne (más conexiones directas) a Tears For Fears, y la afectación propia de The Human League en “Song For Five & Six” parece un hecho. Todo ello sumado a las consabidas evocaciones a The Divine Comedy“The Passions”– o The Magnetic Fields “The Secret Seven”– que siempre han acompañado al canadiense a lo largo de estos años.

El disco va ganando en intensidad especialmente en el tramo final, a modo de catarsis camuflada de fanfarria electrónica pseudo-ruidista, dejándo en el cuerpo una sensación de arrojo y plenitud como nunca hasta ahora había logrado con la marca que fuese. Urgente y sabiamente macerado en todos y cada uno de sus rincones, “In Conflict” es la prueba definitiva de un autor perspicaz al que ya se le puede ir considerando un pequeño gran clásico. Y (ya) más que un alumno aventajado, desde luego.