Cuando sale a la palestra el nombre de The Afghan Whigs, para mí los elogios se vuelcan -un caso parecido al de Pixies– a dos de sus obras, “Congregation” y “Gentlemen”. La primera descarnada, prendiendo el fuego. La segunda aterciopelada, quemándose elegantemente en la hoguera. Ambas distintas en su acometida aunque con el mismo instinto masculino depredador, más indómito o más domesticado, alterado o reposado, que los hizo únicos. Ni “Black Love” ni “1965” ni todo lo que grabó Greg Dulli después con Twilight Singers llegó a semejante apoteosis visceral.

No cabe duda que, aunque cojos -solo quedan él y el bajista de la formación de gala-, es bueno tenerlos de vuelta, al menos para comprobar si estos quince años han hecho mella en su interpretación carnal; si sigue Dulli hormonalmente activo como Nick Cave en Grinderman o le ha entrado la flojera. “Do To The Beast” (Sub Pop 2014) nos lo muestra con las uñas afiladas, pero sin aquellos bruscos zarpazos en la yugular que mostraba en su apogeo; la trascendencia emocional se canaliza ahora de forma adulta, con una contraportada que insinúa más que muestra -el cuerpo femenino que yace inerte-, una entrada de rock tipo Queens Of The Stone Age o Soundgarden en “Parked Outside”, los tics -maullidos, gemidos- controlados al milímetro para convertir canciones como “Lost In The Woods” o “These Sticks” en temas épicos -ese easy baby repetido en la última acaba impregnando-, capaces de agarrarte por las partes en “Royal Cream” o blandir guitarras acústicas –“Algiers”– en una vuelta de tuerca remarcable. Y quizás no han cambiado tanto ellos como el entorno musical del presente. Pero aún así están dispuestos -incluso capacitados- a aferrarse a él de una manera digna.