Un par de consideraciones. La primera en forma de reflexión acerca de una casualidad (o no). Hace casi cuarenta años, el símbolo del galán británico por definición en el circuito musical correspondía a Bryan Ferry de Roxy Music. Poco tiempo después, durante aquella misma década, tomó el relevo Robert Palmer, curiosamente ambos pertenecientes al sello Island. Y ahora mismo estoy escuchando una versión de “Johnny And Mary” -del segundo- en la voz del primero, por obra y gracia de un músico nórdico afiliado a la electrónica llamado Todd Terje. Que haya conseguido implicar a Ferry ya evidencia un síntoma.

Segunda consideración. Los músicos no encadenados a los dictados del mercado británico y norteamericano han sabido digerir y regurgitar influencias ajenas a los tentáculos del rock. Así, cuando suena “Leisure Suit Preben” de “It´s Album Time” (Olsen 2014), podemos apreciar la carencia de prejuicios de Terje al manejar sonidos que seguramente sus padres detestaban porque les gustaban a sus abuelos: hilos musicales de orquestas de todo a cien –Mantovani, Caravelli, James Last o incluso Michel Legrand, tío de Victoria Legrand de Beach House– que recreaban en clave ambiental para coctelerías diversos hits de su tiempo.

El caso es que la fluidez aglutinando influencias de todo tipo hacen de “It´s Album Time” un trabajo formidable. Al igual que un humorista, lo suyo parece fácil por divertido, pero no lo es. Como si fundieses a Penguin Cafe Orchestra con Le Hammond Inferno en clave electrónica, o dejases que el Rick Wakeman de “The Six Wives Of Henry VIII” se encargase de los teclados en un disco de Thievery Corporation en “Preben Goes To Acapulco”. Y está, por supuesto, la constatación de que no solo Daft Punk tienen derecho a venerar a Gorgio Moroder (“Delorean Dynamite”). Pero sobre todo se impone la sensación de estar escuchando un compendio de temas dirigidos a personas que saben apreciar sus guiños, elegantes e inteligentes, mientras a la vez se divierten. Bailando (o no).