Sin poder garantizar su fiabilidad al cien por cien, desde aquí siempre se ha apostado por los trabajos de Chairlift. El matiz se debe a esa pequeña aversión que suele aflorar cuando, pese a generar buenos discos, se detecta un picoteo de estilos dispares. El álbum en solitario de Caroline Polachek barre con la sarta de prejuicios de andar por casa y te atrapa, al amparo de las tendencias o fruto de una inspiración genuina -me da igual-, en ese universo mágico creado por otras compañeras de generación.

Y es que, bajo el nombre de Ramona Lisa, elabora con “Arcadia” (Pannonica 2014) un disco de gran belleza -estética y poética- que salta la barrera del art for art´s sake sin despeinarse. Como un cuento de hadas de Disney en “Arcadia”, las voces se sobreponen a la electrónica disfrazadas de orquesta celestial, entrando en cancha de Julia Holter en “Avenues” directa al meollo melódico. Puede bajar a un peldaño más pop -suena “Backwards And Upwards” entre Kate Bush y Grimes– o dejar lo importante en manos de los pequeños detalles: esa mezcla de lira con laptops en “Lady´s Got Gills”, o la percusión con traqueteo de castañuelas marcando en “Izzit True What They Tell Me” de puntillas con una calidez casi tropical. Sin cambios de registros con calzador que la pongan bajo sospecha, y sin la presión de tener que responder a confianzas depositadas como Regina Spektor o Julianna Barwick. Solo sé que “Arcadia” está aquí, omnipresente, en ningún momento -tras enfrentarlo a muchos repeats- cansino. Pugnando entre “Loud City Songs” y Saint Vincent por la medalla. Y aunque se quede con la de plata, nadie podrá discutirle este mérito.