Mientras el mundo se inmola entre toneladas de odio, S. Carey pronuncia sílabas sosegadas y tranquilizadoras. En algún lugar del planeta alguien percibe la paz, y no duda en difundir su espectro. Y si en un momento dado se desmarca con un asomo de agresividad, es tan sumamente sutil que llega como una suerte de paréntesis en un sueño plácido.

Perdonen, debí hacer la presentación de rigor para que se sitúen. Sean Carey es un habitual del entorno de Bon Iver, en principio percusionista, y lo que hace en “Range Of Light” (Jagjaguwar 2014) no es más que publicar temas muy similares a los de Justin Vernon que seguramente no se atrevió a presentar a éste, pero que al mismo no quiere dejarlos morir en el cajón. De hecho incluso está grabado en el estudio de Vernon, en busca del intimismo marca de la casa. La naturaleza es la prioridad.

La entrada del álbum es puro recogimiento, pero no formal, sino con ese sabor invernal que Van Morrison sabía imprimir a su música a mitad de los 70. No es por supuesto “Astral Weeks”, aunque impone -sobre todo los temas con el piano zigzagueando a cámara lenta como “Fire-scene”– la misma quietud que “Hard Nose The Highway” o “Veedon Fleece”. Y trabaja bien las voces cuando hace falta, como los juegos de “Crown The Pines” sorteando violines, o la solemnidad litúrgica (final de “Alpenglow”).

De plasticidad accesible y olvidado por la bonanza de los tiempos venideros cuando se publicó hace cinco meses, “Range Of Light” causará especial impacto a quien lo escuche a finales del próximo otoño y descubra que es uno de los álbumes más injustamente pasados por alto del 2014.